Hacia el infinito
Ivan Bilyk
Economista

¿Qué tienen en común Australia, Arabia Saudita, Egipto y los Países Bajos? Todos han comprado reactores nucleares diseñados y construidos por una empresa pública argentina. Hablamos del INVAP, que desde su planta en Bariloche elabora tecnología nuclear, satélites, radares, aerogeneradores y equipamiento médico avanzado. Con 1.300 empleados y 173 millones de dólares en ventas (35% por exportaciones), la firma lleva 43 años sorteando los altibajos de la economía local. Mérito no menor considerando que para mantener su tecnología al día precisa tanto de inversiones constantes como de un Estado que adquiera las primeras tandas de prototipos. La venta de un reactor nuclear, por ejemplo, requiere que los compradores internacionales comprueben su funcionamiento sostenido en Argentina antes de realizar la inversión. A principios de la última década, esta condición fue atendida por el Gobierno. Se compensó la baja en los contratos de exportación (por la crisis internacional de 2009) con un impulso a la rama aeroespacial y de comunicaciones. La construcción de los satélites de telecomunicaciones ARSAT 1 y 2, así como el estímulo a la producción de antenas y radares posibilitó el reemplazo de importaciones con mano de obra nacional, al mismo tiempo que mejoró la rentabilidad de la firma.
Durante la gestión de Cambiemos, el tratamiento hacia la empresa retrocedió: se canceló el proyecto para fabricar aviones no tripulados, al igual que la construcción del ARSAT 3 y de una nueva plataforma de satélites de menor tamaño. Afortunadamente, INVAP logró equilibrar estas limitaciones con más exportaciones en la rama nuclear.
El 30 de marzo, desde el Centro Espacial Kennedy, despegará un nuevo satélite producido en la Patagonia (SAOCOM 1B) y llevará al espacio un mensaje implícito: la industria argentina tiene potencial.