Hamlet
William Shakespeare

Fueron varias las puestas de Hamlet que dejaron su marca en los escenarios de la Ciudad de Buenos Aires, aunque con frecuencia se recuerde la que dirigió Omar Grasso en el Teatro General San Martín, con el gran Alfredo Alcón y en plena dictadura militar. El Complejo Teatral propone el regreso de la famosa tragedia de William Shakespeare, a cargo del experimentado Rubén Szuchmacher. Encabezada por Joaquín Furriel como el príncipe más famoso de la historia del teatro, la obra tiene en su elenco a un grupo de grandes actores (se destacan Luis Ziembrowski, Belén Blanco, Marcelo Subiotto y Eugenia Alonso). El  punto de partida es conocido aun por muchos de los que no asistieron a ninguna representación del clásico. Muerto el rey Hamlet en dudosas circunstancias, su aparición bajo la forma de un fantasma (resuelta aquí de forma mecánica, poco imaginativa) alienta a su hijo a trazar un plan de venganza. Los diálogos (de una perfección que abraza lo poético) y la compleja zona emocional en la que se interna la pluma del dramaturgo exigen decisiones en la dirección que sirvan para potenciar el corazón del drama. En la mayor parte de la pieza, Szuchmacher consigue este objetivo. Recontextualizada en un espacio reconocible dentro de la órbita temporal de las dos Guerras Mundiales (gracias a una soberbia escenografía a cargo de Jorge Ferrari), se extraña en este Hamlet algún espacio vacío que invite a un espectador activo, más abierto a jugar con su propia imaginación.

Ezequiel Obregón