Iglesia de San Francisco
Ciudad de Salta

La ciudad de Salta, fundada en 1582 por Hernando de Lerma, fue durante dos centurias un puesto de avanzada rodeado de ciénagas e indios belicosos. Pero su estratégica posición terminó convirtiéndola en pieza clave del comercio con el Alto Perú y siguieron años de brillo. De aquel esplendor, «la linda» –como le dicen– conservó casi toda la arquitectura religiosa y magníficos ejemplos de la doméstica. No es caprichoso que se la considere la más colonial de las capitales argentinas. La Iglesia de San Francisco es su reliquia más deslumbrante. Comenzó a construirse en 1759, después de que un sismo tumbara el primer templo (de barro y caña) y las llamas devoraran el segundo (de madera). De ahí sus gruesas paredes de ladrillo y piedra, recaudo que no logró conjurar otro incendio. El interior, de majestuosa elegancia, se completó pese a todo en 1870. La escenográfica fachada, con su imaginería barroca y sus falsas cortinas de estuco, demoró tres años más. En 1882, finalmente, se construyó el campanario –uno de los más altos de la América española–, entre cuyas piezas descuella la fundida con el bronce de los cañones que tronaron en la batalla de Salta. El icónico templo, declarado monumento histórico nacional, está abierto a la curiosidad turística todos los días. También el convento contiguo, que aloja un interesante recorrido museográfico. Y se pueden subir los 109 escalones del campanil para observar la ciudad desde una perspectiva de paloma.

Roberto Cinti