II
Juan Belvis/8 - Wormo

Si en el debut de 2015 todo sonaba diáfano, áureo, aquí hay momentos donde ciertas músicas se bailan como danzas rotas. Se entiende: durante este tiempo la cosa se puso un poco jodida. Dos son los cuencos en los que se empapa este disco, al igual que el primero: por un lado, la voz de la genial Mariana Machi, muy marcada y al frente; por otro, esa cuerda de vientos a puro bronce, alucinatoria y exquisita. Es sabido el amor dilecto de Belvis hacia Gill Evans y cierta manera de arreglar los brasses durante los 70. La banda que lo acompaña, 8, suena como una orquesta viéndoselas con la resaca. El disco tiene una variedad tímbrica asombrosa, pero no abruma. Estos temas abrevan tanto en el rock y en el jazz como en la experimentación. Vale decir: si el primer volumen sonaba más anchuroso, aquí el corazón orquestal que apuntala el sonido es ciertamente narcótico. ¿Afro pop porteño? Quién sabe. Sobre cierto trance mántrico descansa la canción. Y ahí está, además, la letrística: enrevesada, apocada, a lo Indio Solari por momentos. Belvis amplía su búsqueda con unas músicas que se descubren singularísimas en el plano actual.

Juan Ignacio Babino