Inconvivencia
Telefe, jueves y viernes a las 23.30

Caro (Laurita Fernández) es una psicóloga recién recibida y ya tiene sus primeros pacientes. Lucas (Tomás Fonzi) trabaja en un restaurante como bachero y aspira a ser ayudante de cocina. Ellos son pareja y conviven, pero a medida que pasa el tiempo las dificultades en el vínculo son mayores. Por ejemplo, ella no soporta que él sea tan desordenado y «dejado»; él no tolera que ella le marque cada error. Discuten todo el tiempo, el sexo ya no es lo que era y, en un intento por salvar la pareja, Lucas le propone seguir juntos, pero dejar de convivir. Con renuencia al principio, ella finalmente acepta la proposición. Como suele ocurrir en este tipo de casos, nada sale como estaba previsto. Caro tiene un encuentro sexual con un paciente (Luciano Cáceres) y, además, su íntima amiga (Marina Belatti) está pensando en aceptar la oferta de Lucas de ser él quien le done su esperma para que ella logre su sueño de ser madre. Por su parte, Lucas, decepcionado con la infidelidad de Caro, está cada vez más cerca de su compañero de trabajo (Gastón Soffriti), con quien tienen un acercamiento impensado. La trama es creíble, vemos aquí a una pareja joven, desgastada por los años de convivencia y el corset de una relación tradicional, ambos con ganas de experimentar distintas cosas pero sin ánimos de blanquear dichos deseos. También se registra, y muy bien, la poca paciencia que tiene el uno para con el otro y la naturalidad de los  diálogos. Suman mucho algunos hallazgos, como que a la actriz Marina Belatti esta vez se la ve en un registro mucho más complejo, con un personaje de una mayor fragilidad, que la aleja de ciertos pasos de comedia que suelen ser previsibles. En cuanto a la dupla protagónica, hay que mencionar que realizan una buena labor, con interpretaciones que están a la altura de la historia. El elenco se completa con Luis Machín y Cristina Banegas, entre otros, y la dirección está a cargo del joven realizador Mariano Hueter, quien aporta una mirada fresca a este tipo de relatos intimistas, que por ahora no pareciera que vayan a tener un final rosa digno de Hollywood.

Georgina Dritsos