Ismos
Santiago Varela

Ilustración: Pablo Blasberg

En los Estados Unidos, un país donde hay de todo y para todo, existe un movimiento religioso cristiano conservador llamado «creacionismo». Ellos creen a pie juntillas en el relato bíblico y afirman que el mundo fue creado, realmente, en siete días. Y es más, siguiendo las genealogías que se indican en el libro, llegan a la conclusión de que el mundo se terminó de crear el 23 de octubre del año 4004 AC, no recuerdo bien a qué hora. Ahora bien, si aparece uno de esos fulanos a los que les encanta escupir el asado ajeno y le pregunta a un creacionista:

–¿Y los dinosaurios que tienen sesenta millones de años?

El hombre, sonriente, responde:

–Salvo a Susana Giménez, a nadie se le ocurrió que pudieran encontrar a un dinosaurio vivo. Lo que se hallaron fueron huesos. Pues bien –sigue el tipo–, Dios cuando creó el mundo enterró esos huesos con esa antigüedad para que después los paleontólogos pudieran entretenerse con algo. Pero el bicho nunca existió, solo la osamenta.

Esta contestación parece joda. En realidad es joda, pero el tipo cree firmemente que es así y para cada pregunta tiene una respuesta de un tenor parecido que ignora olímpicamente todo dato científico, histórico o de cualquier otra fuente fundamentada.

Pues bien, ahora en nuestro querido y sufrido país apareció una plaga parecida conocida como los «negacionistas» que utilizan el mismo esquema de respuestas que los «creacionistas».

Los «negacionistas» se caracterizan por afirmar que las cosas que pasaron no pasaron. Que son una fantasía. Sucedió con el número de los desaparecidos, aunque La Nación hubiese publicado que en 1978 el Batallón 601 había informado ya 20.000 desaparecidos.

El filósofo de la posverdad, Durán Barba, hoy pregona que durante la campaña electoral debe negarse sistemáticamente la existencia de la inflación, la caída del empleo, el derrumbe del consumo y el aumento sideral de la deuda. Esas cosas no existen. Son inventos. Y si Donald Trump, un negacionista con mucha chapa, declara que el recalentamiento del planeta es una paparruchada, ¿cómo no van a poder decir algunos funcionarios nativos que es mentira que la escarola se vende a precios como para que cotice en bolsa?

Incluso podemos meternos en la historia y negar el bombardeo del 55, o que a Dorrego lo fusiló Lavalle y decir que se trató de un duelo criollo.

Es cierto que antes la única verdad era la realidad, pero bueno, eso se terminó. Fin, kaput. Ahora pretenden que la única realidad sea lo que pregonan los trolls y los medios dedicados a decir lo que le conviene al que paga.

Es así… aunque lo nieguen.