Junto a un dique
Marcela Fernández Vidal - Ediciones Del Camino - 129 páginas

Un hombre de mar que aguarda por alguien en una habitación impersonal; un interno de psiquiátrico con dotes de inventor y un irresuelto complejo edípico; la vacilación de un ente entre ser hombre o ser arcángel; una mujer que se obsesiona con un pasaje y un sujeto desconocido en una estación de tren; un grupo de jóvenes de clase alta, enredados en un juego cortazariano que se amalgama con la lucha armada de los 70. Los cuentos de Junto a un dique, de Marcela Fernández Vidal, están habitados por personajes a los que algo, un clic, un movimiento impredecible los descoloca, los hace tambalear en sus certezas o se las quita para siempre. Y eso les modifica el rumbo, sobre todo cuando se abren a mundos paralelos, circulares, a una realidad alternativa. El punto de quiebre los sorprende en hoteles, escenarios parisinos, viajes, espacios claustrofóbicos. Los mejores pasajes del libro se suceden cuando emergen la sutileza, la elusión y la alusión, lo mismo que cuando bordean el relato fantástico. «Es lo común tratado imaginariamente lo que constituye la excepcionalidad del buen cuento», en palabras de Julio Cortázar. Quizá en esta cita haya un buen rastro de la impronta de la escritura, la oralidad que nos traen estos 13 cuentos.

Hernán Carbonel