Juntos a la par
Niñez e identidad de género
En la provincia de Santa Fe se presentó la primera guía para acompañar a las infancias y adolescencias trans y sus familias. Contra el rechazo, la discriminación y la exclusión, se abre un camino que apunta a propiciar una crianza amorosa e informada.
María Carolina Stegman

(Shutterstock)

De acuerdo con los últimos datos arrojados por la Encuesta sobre Vulnerabilidad de Derechos en Población Trans, llevada a cabo en la provincia de Santa Fe entre agosto y octubre de 2019, el 70% del colectivo reconoce su identidad entre los 0 y 12 años, pero solo el 12,3% logra expresarlo en ese momento. El relevamiento, además, buscó indagar sobre el malestar emocional que esta comunidad siente frente al rechazo, la discriminación y la exclusión y la respuesta fue que el 65,1% dijo haber incurrido en autoagresiones con diversa frecuencia; el 75,5%, en consumo de alcohol de manera problemática; el 77,5%, en consumo de otras sustancias; y el 78,6%, en patologías alimentarias. A su vez, el 51% reconoce haber querido quitarse la vida al menos una vez.
Estos datos son mucho más que números y hablan de lo que implica transitar la vida siendo trans, una población que históricamente sufre la vulneración de sus derechos. Por eso, desde 2017, en la provincia de Santa Fe se asesora a más de 120 familias de niños trans a través de equipos multidisciplinarios que contribuyen al fortalecimiento de los vínculos no solo familiares sino también con la comunidad, para evitar situaciones de discriminación en las escuelas y otros espacios de socialización. A partir de ese trabajo, surgió la primera Guía de Infancias y Adolescencias Trans y de Género Variable, una suerte de orientación para acompañar este proceso.
«La identidad de género se desarrolla a una edad muy temprana, a los dos años más o menos las personas empezamos a tener un registro de qué es lo que funciona para nosotres y lo que no. El problema es que cuando los padres empiezan a ver cosas distintas en el juego o la vestimenta o que los chicos quieren ser tratados con otros nombres, muchas veces en la familia emergen señales de alarma. En el modelo de trabajo que tenemos, parte de lo que decimos es que las respuestas emocionales son aprendidas socialmente, desde una matriz social que tiene formas de discriminación muy profundas hacia la diversidad. Cuando la infancia trans no cuenta con alguien de su entorno que la entienda, empieza a asociar que hay algo problemático en torno a quién es, a sus necesidades o a su identidad. Las situaciones de rechazo por el entorno traen aparejado un deterioro enorme en la calidad de vida», asegura, en diálogo con Acción, Andy Panciera, psicólogo y coordinador del Proyecto Género y Familia Santa Fe.

Vínculo de colaboración
Según relata Panciera, cuando las personas se contactan con el Proyecto, hay un primer momento de recepción del pedido y de singularización de la propuesta de acompañamiento, lo cual implica poder escuchar, comprender y generar un vínculo de colaboración con esa familia. «Es a partir de ese proceso cuando nos entendemos y se empieza a delinear de qué forma podrían estar mejor y qué creen que nosotros podríamos hacer para acompañarlos. Hay familias que necesitan solamente que los ayudemos con una rectificación en el DNI y otras a resolver una situación de discriminación o maltrato en la escuela», explica.
Cuando llegan adolescentes, el pedido o la consulta tiene más que ver con cuestiones corporales, es entonces cuando la colaboración pasa por darles información y por contactarlos con un médico adecuado que pueda acompañarlos con, por ejemplo, la terapia de hormonización. «Tradicionalmente, en las prácticas médicas se habla de tratamiento de hormonización cruzado. La palabra tratamiento ya indica que habría algo que curar, una patología, por eso usamos la palabra terapia que tiene que ver con acompañar, porque nuestra ley, tanto la de Salud Mental como la de Identidad de Género, se vinculan a una paradigma que es de despatologización. La terapia hormonal lo que hace es afirmar quién sos, con el objetivo de que te permita habitar tu cuerpo de otra manera, de una forma más digna», sostiene el psicólogo.
«El proceso de acompañamiento de más de 120 familias en Santa Fe fue muy positivo, esos chiques hoy no desertan de su núcleo familiar, están contenides, están transicionando en plenitud, es una oportunidad que no tuvimos nosotres cuando nos tocó atravesar nuestras infancias, hay generaciones de personas trans desaparecidas, sobre todo por el odio y la homofobia. Muchas veces cuando manifestás explícitamente en tu adolescencia tu condición de ser persona trans, se abre un paraguas de discriminación constante, pero si los vínculos te contienen y te protegen todo es diferente», concluye Alejandra Ironici, coordinadora del Programa Inclusión Trans en la Subsecretaría de Políticas de Diversidad Sexual de la provincia de Santa Fe.