Kursk
Thomas Vinterberg

Los rusos vuelven a ser villanos del mainstream y aunque esta es una producción paneuropea (principalmente belga, con el francés Luc Besson detrás y un reparto internacional delante), su escala y sus diálogos en inglés expresan su aspiración de masividad hollywoodense. La villanía ahora no está representada por oscuros agentes de la KGB, sino por la negligencia y fatal ineficacia de las instituciones soviéticas o post, como remarcó la serie Chernobyl y ahora lo hace esta película que recrea la catástrofe del submarino nuclear ruso ocurrida en 2000. El guion de Robert Rodat (Rescatando al soldado Ryan) se divide entre la tragedia en sí  y el relato angustiante de la falta de reacción de las autoridades, de la cruel desinformación a la que el Estado sometió a los familiares de las víctimas. El director danés Thomas Vinterberg (que se reveló al mundo con La celebración, segundo y exitoso film del breve movimiento Dogma 95) comandó a un reparto de estrellas que incluye a Matthias Schoenaerts, la bella Léa Seydoux, el británico Colin Firth y el inoxidable Max Von Sydow. Una secuencia subacuática corta el aliento como lo hacían el viejo cine catástrofe (Poseidón) y los buenos films de submarinos, pero la sensación de asfixia más fuerte proviene de las escenas que retratan la letal burocracia estatal, como solo lo consigue a veces el cine político.

Mariano Kairuz