La enfermedad es más cara que la salud
Ricardo López
Presidente de la Federación Argentina de Entidades Solidarias de Salud (FAESS)

Si usted cree que la educación es cara, pruebe con la ignorancia». La conocida frase del profesor estadounidense Derek Curtis Bok podría aplicarse a lo que ocurre con la salud en la Argentina. La decisión del Poder Ejecutivo de que el Ministerio de Salud se degrade a Secretaría provocó un enorme rechazo. Mas de 40 sociedades científicas manifestaron su opinión contraria, así como organizaciones de profesionales de la salud. Ministros de todas las provincias firmaron una declaración en la que sostienen que «eliminar el Ministerio de Salud de la Nación como tal y darle un rango inferior constituirá un retroceso institucional significativo en la ejecución de los planes, programas y proyectos del área para atender a la población, en especial a los más vulnerables».
La noticia, con un fuerte carácter simbólico negativo, no es el único hecho preocupante para el sector salud, producto del ajuste que lleva adelante el gobierno nacional, la fuerte inflación y la distorsión de precios provocada por el aumento del valor del dólar de los insumos. El exministerio recibió en 2017 49.453 millones de pesos, y este año el gobierno le otorgó 56.486 millones, un incremento en términos nominales del 14%, aunque la variación real teniendo en cuenta la inflación y la devaluación es negativa. Como consecuencia, por ejemplo, se produjo la caída de aprovisionamiento para enfermos que reciben asistencia del Estado a través del programa de VIH/SIDA. Esto provocó la renuncia de Sergio Maulen, titular de la Dirección de Sida, Enfermedades de Transmisión Sexual, Hepatitis y Tuberculosis. En síntesis, el sector público invierte menos en salud, pese a las informaciones en contrario.
Pero no es el único sector donde el Estado deja de invertir. Con un 48% de niños pobres según el informe reciente de la Universidad Católica Argentina, se informó en el Boletín Oficial la reasignación de partidas destinadas a la infancia para seguridad.
También el gasto en salud del ámbito privado se resiente por el contexto inflacionario. Un relevamiento sobre más de 120 drogas de consumo masivo, en función del precio de venta de remedios a consumidor final (neto de descuentos y promociones), registró un incremento de precios del 129,5% en los últimos dos años y medio, lo que representa una suba de 22% mayor que la inflación medida por la Ciudad de Buenos Aires. Además, las entidades que agrupan a las farmacias de todo el país sostienen que la prestación a los afiliados al PAMI corre serios riesgos por «las deudas que mantiene el instituto con el sector, el constante aumento de la inflación y algunos convenios firmados en otros contextos macroeconómicos, que hacen “inviable” el funcionamiento del sistema de expendio de medicamentos».
En tanto las entidades de medicina prepaga comenzaron a sentir el impacto de la renuncia de sus afiliados como resultado de los elevados incrementos de las cuotas y expresaron su preocupación en un reciente congreso realizado en Mendoza. Allí se abrieron paso algunas posiciones que avizoran el fin del Programa Médico Obligatorio (PMO) y su reemplazo por prestaciones más acotadas, que trasladarán el costo de prótesis y otros insumos a los usuarios. Esto sería contemplado en la ley de creación de la Agencia Nacional de Evaluación de Tecnologías, complementaria del plan de Cobertura Universal de Salud (CUS), propuesta del Banco Mundial que este gobierno adoptó como política propia.
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares de 2016 muestran que casi el 60% de los pobres y aproximadamente las tres cuartas partes de los más vulnerables dependen exclusivamente del sistema público de salud no contributivo. Esto representa la grave desigualdad en el acceso a la salud vigente en nuestro país.
Para hacer frente a todos estos déficits, es más necesario que nunca un Ministerio de Salud que encabece y coordine una política sanitaria con atribuciones amplias. Los temores planteados por la comunidad médico-científica ante la decisión de degradar el ministerio parecen confirmarse. Nuestro país, con tres premios Nobel de Medicina, con una rica historia sanitaria y científica, merece otro cuidado de salud.



(Jorge Aloy)