«La gran deuda es la social»
Juan Carlos Junio
El dirigente cooperativista analiza las consecuencias de cuatro años de un Gobierno con marcado sesgo neoliberal y las perspectivas de cambio de rumbo que genera la nueva gestión. Construcción política, participación ciudadana y los desafíos ante un complejo escenario nacional y regional.
Jorge Vilas - Fotos: Horacio Paone


En su oficina del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, su director, Juan Carlos Junio, responde a las preguntas de Acción con tono reflexivo y enfatiza en las cuestiones sociales, a las que considera como prioridad absoluta para la gestión que se inicia el 10 de diciembre, tras el daño causado por las políticas de ajuste aplicadas desde fines de 2015. Adscripto a la presidencia del Banco Credicoop, exdiputado nacional y secretario general del Partido Solidario, Junio destaca que en Argentina el proyecto neoliberal, respaldado por fuertes corporaciones financieras y el poder mediático, fue derrotado en las urnas en base a una construcción política amplia y diversa que articuló con las resistencias acumuladas durante la gestión macrista.
–¿Cuál es su mirada global, a modo de balance, acerca de los 4 años de gobierno de Mauricio Macri?
–Creo que este fue un Gobierno que, tal como lo caracterizamos en su inicio, llevó a la práctica el ideario neoliberal en materia económica y social. Para eso, inevitablemente, tenía que desarrollar un proceso de restricción de libertades públicas, de restricción del sistema democrático. Si bien tuvo legitimidad de origen con su triunfo electoral en octubre de 2015, a poco de asumir el presidente quiso designar jueces de la Corte Suprema sin participación del Congreso, es decir, inmediatamente mostró una gran falta de convicción democrática. Luego vetó una ley social muy importante como la ley antidespidos. Las políticas de la ministra Patricia Bullrich fueron funcionales al modelo económico e intentaron coercionar a la sociedad alentando el uso de la fuerza, violentando los preceptos legales de todo tipo, instrumentando estatutos y acuerdos circunstanciales de carácter jurídico que en definitiva querían especular electoralmente con aquello de representar al partido del orden frente al miedo lógico que genera la inseguridad en la sociedad. En resumen, a mi juicio hubo una restricción al sistema democrático por parte del macrismo, apoyado en una manipulación de la opinión pública con la ayuda de los medios de comunicación. Creo que el esquema en estos cuatro años fue achicamiento del sistema democrático, coerción a la sociedad, ajuste económico y social y manipulación de la opinión pública a través de los medios monopólicos.
–¿Cuáles fueron las consecuencias sociales de estas políticas?
–El modelo afectó gravemente a las mayorías nacionales, como por ejemplo a los 7 millones y medio de jubilados, que perdieron un 20% de sus ingresos, o a los millones de trabajadores del sector privado. Hubo, además, un proceso de desarme del Estado, afectando a todos los trabajadores estatales, con un particular énfasis en los docentes, que realizaron grandes luchas en defensa de sus salarios y de la escuela pública. Más todos los procesos de ajuste en el área de ciencia y tecnología, en las universidades, las pequeñas y medianas empresas, afectadas por la apertura de la economía y las tasas de interés confiscatorias. Este Gobierno tenía un inmenso poder detrás, con fuerte predominio de sectores financieros, que no son solo los bancos, sino todo tipo de corporaciones, los prestamistas del exterior, que crecieron a la luz de una política financiera que favoreció el carry trade, es decir la bicicleta, que fue muy determinante en la salida de riqueza. Ese modelo, predominantemente financiero, fue dirigido por un gabinete integrado en buena medida por funcionarios vinculados con los directorios de las grandes compañías, tanto extranjeras como locales, sin experiencia política, pero con mucha experiencia en negocios, fundamentalmente en negocios vinculados con la especulación. Quizás el caso más arquetípico es el de Juan José Aranguren, que para beneficiar a la empresa Shell no trepidó en instrumentar fenomenales tarifazos que dañaron la vida de los ciudadanos y del sistema productivo.
–Fue, como se decía con ironía, atendido por sus dueños.
–Sí, como pocas veces ocurrió en la historia argentina. En ese sentido, Macri fue un presidente que tenía grandes restricciones culturales, pero una gran determinación para llevar a cabo un proyecto conservador. El Gobierno avanzó con su ideología y los intereses económicos que representa. Para esos sectores minoritarios, fue exitoso. En todo caso, si no avanzó más fue porque hubo grandes resistencias, que a veces no se valoran en su justa medida. El ejemplo más clásico es el fallo por el 2x1. Hubo un gran pronunciamiento en las calles de todo el país de la ciudadanía democrática, que enarboló las banderas de memoria, verdad y justicia e impidió su aplicación. También se expresó un fuerte crecimiento del fenómeno feminista, con una gran participación juvenil, con los pañuelazos verdes en todos estos años, que contribuyó muchísimo para que el espacio popular impacte sobre la vida política. Ni que hablar de todas las luchas de la cultura y los trabajadores, de los científicos, que dieron un ejemplo notable de defensa de lo suyo.


–¿Qué expectativas tiene ante el inicio de la gestión de Alberto Fernández y Cristina Fernández y cuáles cree que deberían ser sus prioridades?
–Estamos en una situación realmente grave, no solo por la deuda externa, que en buena medida fue contraída con el FMI. Y decir que es con el FMI es decir que Argentina le debe a las grandes potencias capitalistas del mundo, empezando por Estados Unidos. Sin embargo, la gran deuda es la social. La prioridad es atender los problemas sociales, que son enormes y urgentes. Alberto Fernández definió la situación como catástrofe social y tierra arrasada. Y creo que no exagera, porque lo que importa para un país, para una nación, son sus ciudadanos y ciudadanas, y tenemos 17 millones de pobres, 3.500.000 indigentes, chicos malnutridos. Lo que han dicho Alberto y Cristina es que la prioridad es atender la situación del hambre, la pobreza, restituir los ingresos de los jubilados y los salarios del sector público y privado. Por allí viene la primera cuestión de carácter social. Luego, que educación, salud, vivienda, ciencia y tecnología tengan recursos para ir recuperándose de las mutilaciones que han sufrido y que se verifican en la falta de escuelas, en los hospitales, etcétera. Ahora bien, aquí hubo un enorme proceso de transferencia de riqueza. Cuando se dice los asalariados perdieron un 20% de sus ingresos, eso representa decenas de miles de millones de dólares que alguien acumuló. Cuando se dice que los jubilados perdieron el 20%, es una enorme masa de dinero que el Estado transfirió a otro sector, por ejemplo, a los acreedores de la deuda, que pasaron de tener un pequeño porcentaje del gasto público a llevarse una gran porción. Toda esa masa de dinero que los ciudadanos y el sistema productivo debieron pagar tras los tarifazos de los servicios públicos, alguien se la llevó. Además de lo que fugaron, que como es obvio, primero lo ganaron. Por lo tanto, para poder atender las urgencias sociales tendrán que ir articulándose iniciativas impositivas a los efectos de que esos ganadores transfieran riqueza a los hasta ahora perdedores, y sobre esa base, más una acción muy fuerte del Estado, se irá recomponiendo no solo la situación social sino también el mercado interno. Y quiero aclarar que nosotros creemos lo contrario a la teoría del derrame, es decir, que primero hay que redistribuir y sobre esa base se crece, y no al revés. Porque nunca derrama. En cambio, sobre la base de una política económica redistributiva seguramente se va a crecer y mientras tanto se va mejorando la vida de las mayorías. Después están las otras cuestiones que tienen que ver con retomar las políticas de defensa del patrimonio nacional y recuperar la idea de desarrollo industrial, porque no hay país sin desarrollo industrial.
–¿La clave será la fortaleza de la construcción política para poder adoptar medidas que afectarán a intereses poderosos?
–Creo que la clave es política. Esa unidad ya demostró ser capaz de ganar la elección, que no es poca cosa. Si vemos el panorama regional, en la Argentina se logró definir con claridad cuál era el problema principal de la época para poder salir adelante como sociedad y como Nación, y se logró una gran coalición política que posibilitó mostrarle a la sociedad una opción de triunfo, con el cuerpo político, social y cultural suficiente para gobernar. Ahora bien, uno de los grandes retos que tenemos es el mantenimiento de esa unidad. No podemos dejar de decir que reivindicamos la unidad que hubo y la que tiene que haber, y a su vez asumimos que una unidad tan amplia comprende a sectores muy diversos en términos ideológicos, políticos y culturales, y que por lo tanto puede haber tensiones producto de que hay distintos tipos de representaciones económicas, de ideologías y de identidades políticas. Nosotros tenemos un fuerte compromiso con mantener esta unidad, eso no quiere decir que no tengamos nuestra autonomía como movimiento cooperativo, como movimiento social, en representación de lo que son nuestras ideas cooperativistas, humanistas y solidarias, y en representación de los intereses económicos de los sectores medios y los sectores del trabajo que representamos. Y es lógico que haya otros sectores que tengan visiones distintas. Por lo tanto, la apuesta es a que haya un acuerdo, con el Estado Nacional como mentor, y lo primero que tiene que quedar claro es que los distintos sectores, muy diversos, se comprometan con una serie de lineamientos económicos y políticos que tienen que propender a las definiciones políticas de este Gobierno electo por el pueblo. El Estado tiene que controlar la aplicación de ese acuerdo y el Congreso Nacional tiene que aprobar leyes que coadyuven y vehiculicen ese acuerdo que, insisto, tiene que ver con definiciones políticas y filosóficas del Gobierno que expresen la voluntad de la mayoría de la ciudadanía. Y no menos importante es que la fortaleza de la construcción política debiera sustentarse en el protagonismo de la ciudadanía para sostener un proyecto común que va a tener que disputar con sectores económicos, mediáticos y culturales que van a defender sus intereses específicos. Tiene que haber un fuerte rol del Ejecutivo, otro tanto del Congreso, y fundamentalmente, la participación activa de la ciudadanía. No solo en la calle, sino en el conjunto del palpitar de la vida de la sociedad, en las instituciones civiles de todo tipo, en las religiosas que se sientan consustanciadas, las pymes, las universitarias, las organizaciones barriales, todo ese fluir tiene que ocupar un espacio muy importante en el sistema democrático.
–El marco regional muestra también complejidades para la nueva administración. ¿Cómo analiza los posicionamientos de Fernández antes de llegar a la Casa Rosada?
–Creo que Alberto Fernández dio señales clarísimas, concretas, acerca de su política exterior, siguiendo un poco la tradición del kirchnerismo. Digamos que la política exterior de un gobierno no es una cuestión de la diplomacia, sino que define el lugar en el mundo en que se coloca al país, con quiénes se proyectan alianzas políticas y comerciales, por lo tanto esas definiciones importan también al interior de nuestra sociedad. Los viajes realizados antes de asumir, los dirigentes con los que se reunió, su compromiso con la libertad de Lula y la fuerte iniciativa política que tuvo ante el golpe de Estado fascista en Bolivia, así como la crítica a la posición progolpista del presidente Donald Trump muestran que el presidente electo sostiene lo que siempre dijo: lo central es recuperar el eje latinoamericano como política exterior de nuestro país. Por lo tanto, su posicionamiento político creo que está claro. Tengo la impresión de que se está conformando un eje Argentina-México que puede ser muy importante en el sentido de intentar rearticular un sistema americanista que vaya estableciendo acuerdos. Alberto dijo que va a defender el Mercosur, más allá de que está siendo vulnerado por el bolsonarismo; México ahora va a presidir la CELAC y allí, junto con el renovado Grupo de Puebla, hay un intento de reconstituir el entramado de integración que existió hasta hace unos años en la región.