La guerra silenciosa
Stéphane Brizé

En tiempos de chalecos amarillos, esta película se resignifica, porque su título hace alusión a la actitud de permanente alerta que los trabajadores deben tener. Stéphane Brizé y Vincent Lindon, director y actor de El precio de un hombre, vuelven a unir fuerzas para otra película sobre mantener la dignidad en una sociedad excluyente. Lo hacen a través de un conflicto específico, el de los empleados de Perrin (empresa automovilística de origen alemán), que enfrentan la intención de sus CEO de cerrarla por considerarla económicamente no viable. Después de movilizaciones y luchas sindicales, los trabajadores, bajo la representación de Laurent Amédéo (Lindon), firman una reducción de salario a cambio de conservar sus puestos por cinco años. Una vez conseguido el acuerdo, viene otra vez la angustia: la fábrica decide cerrar igual. La guerra silenciosa logra percibir las sensaciones, pálpitos y emociones de los empleados afectados ante cada batalla perdida o ganada, en una especie de subibaja constante. Cámara en constante movimiento, sonidos fuera de campo, gestos de rebeldía, alegría o frustración nos adentran en cada reunión con dirigentes, protestas o escraches de este grupo. Casi sin proponérselo, el film de Brizé anticipa las masivas movilizaciones ocurridas en Francia, protagonizadas por los chalecos amarillos: personas como las de la ficción, que sienten sus derechos vulnerados y encuentran en la lucha la única manera de conservar sus esperanzas de salir adelante.

Emiliano Basile