La hora de la ciencia
Roberto Salvarezza
El ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación habla del saldo que dejó el macrismo en el área que encabeza y del trabajo que está llevando adelante para retomar la senda del desarrollo. El rol de los investigadores durante la pandemia de coronavirus y las respuestas ante la emergencia.
María José Ralli

(Lucas Vallorani/Prensa Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación)

Es bioquímico graduado en la UBA y egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires. Toda su vida estuvo atravesada por la ciencia y la política. Su extensa carrera como investigador del CONICET lo llevó a asumir la presidencia del organismo, y su deseo transformador, al Congreso como diputado nacional. Fue reconocido local e internacionalmente y recibió premios como el Konex de Platino 2003 y el Premio Houssay 2007. Hoy, como ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, se enfrenta a uno de sus mayores desafíos: recuperar el sistema científico. «Estábamos trabajando en eso cuando comenzó la pandemia», advierte Roberto Salvarezza y subraya que el trabajo que está haciendo la cartera a su cargo junto a su par de Salud «reivindica las políticas públicas».
–¿En qué condiciones encontró la pandemia de coronavirus a la ciencia argentina?
–Para empezar, encontramos un área de gobierno degradada al rango de secretaría, que volvimos a transformar en ministerio. Esa degradación no solo fue simbólica, sino también económica. De  2015 a 2019 la inversión tecnológica cayó en 1.000 millones de dólares, una cifra enorme que impactó sobre todo en el sistema científico como el CONICET o el INTA. No hubo organismo que no tuviera congelamiento de la planta, o recortes en los subsidios. En el caso del INTA directamente hubo trabajadores despedidos, en los otros organismos lo que hicieron fue congelar las plantas. No solo hubo menos plata para investigar sino que también tuvimos menos investigadores.
–¿Qué saldo dejó el macrismo en materia científico-tecnológica?
–El Gobierno anterior no tenía políticas públicas. La Argentina tenía, en 2015, 3 investigadores por cada 1.000 habitantes de la población económicamente activa y termina en 2019 con 2,5, un número realmente muy bajo con respecto a los países que se pretendía imitar, como Israel o Australia, que fueron modelos o ejemplos en el Gobierno de Mauricio Macri. En Israel son 12 los investigadores por cada 1.000 habitantes de la población económicamente activa, y en Australia, 9. Claramente el modelo de los cuatro años anteriores no era el que planteaba mirar el mundo a través de la innovación, lograr valor agregado desde la ciencia, sino un modelo que no apoyaba la tecnología propia y que se limitaba a la producción de lo que eran las ventajas comparativas, soja, limones, lo que se ponderó en esa etapa. No hubo ningún interés en el Gobierno anterior en promover la ciencia y la tecnología.
–¿Qué tiene que pasar para recuperar el sistema científico?
–Estábamos trabajando en la recuperación del sistema científico cuando se desató la pandemia, con propuestas del Gobierno para poner a la ciencia de pie nuevamente y volver al esquema de desarrollo científico que se había llevado a cabo durante 12 años. Hubo novedades importantes con respecto a las becas del CONICET que se encontraban en niveles de pobreza y tuvieron un plan de reconstrucción, que en junio se mejorarán notablemente, en un programa que involucra 800 cargos para investigadores y 300 cargos para el personal técnico, con un total de 1.100 nuevos ingresos. Queremos volver a recuperar los recursos humanos que fuimos perdiendo en estos cuatro años y esos fueron los primeros pasos para tratar de revertir el saldo negativo que había dejado el Gobierno anterior. Fueron cuatro años de mensajes negativos a la comunidad científica. Ahora estamos en un escenario muy difícil. Si uno dejara de lado incluso lo que está sucediendo en el mundo, con el camino iniciado al comienzo de esta gestión tal vez a fin de año uno podría hacer una inversión, y del 0,5% del PBI que nos dejó Mauricio Macri pasar al 0,8% sería un gran logro. Pero hoy el escenario mundial es muy difícil. En todos los países se están viendo caídas de los ingresos. En condiciones normales uno habría deseado, luego de cuatro años de gestión, que el Gobierno pudiera recuperar entre el 1% y el 2%, una cifra interesante. Hoy no se puede hacer una estimación en cuanto a un crecimiento ordenado de la ciencia.
–Aun así la ciencia argentina tiene en este escenario un rol fundamental.
–No lo dude. Acá hay dos áreas imprescindibles en la contención del coronavirus. Una de ellas obviamente es el área de la salud, que también había sido degradada a rango de secretaría y que hoy está en la trinchera todos los días. Pero todos sabemos que las armas para la derrota del virus están en los laboratorios, en los fármacos, en los mejores diagnósticos y en la posible vacuna. La ciencia tiene un rol importantísimo en todo el mundo en este momento. Mientras los sistemas de salud trabajan a destajo, también hay una necesidad enorme de los laboratorios, estatales y privados, que están trabajando a contrarreloj tratando de obtener resultados que permitan manejar la crisis, no solamente derrotarla con una vacuna. Hay que manejar la crisis con mejores diagnósticos. Nosotros el 9 de marzo hicimos una reunión informal de 25 personas con científicos, farmacéuticos, biólogos moleculares, gente del Malbrán, expertos en virología que trabajan a mediano y largo plazo normalmente, para ver qué podíamos hacer teniendo en cuenta que había que dar respuestas muy rápidas. De ahí salieron las primeras líneas que fueron la base de la creación de la Unidad Coronavirus.
–Usted dijo que la batalla final se va a ganar en los laboratorios. ¿Cuán cerca estamos?
–La meta que nos propusimos fue tener sistemas de diagnóstico rápido, de bajo costo y que se pudieran producir en el país. Sabíamos que iba a haber en el mundo una barrera para adquirir estos productos, que fue lo que sucedió. La meta está muy cerca. Nosotros estamos desarrollando tests serológicos nacionales que permitan saber el nivel de anticuerpos, hacer un testeo cuantitativo de anticuerpos de manera tal que se pueda aplicar la terapia de plasma de convaleciente. Esto está muy avanzado con proyectos en los que trabajan, entre otros, los institutos Milstein, Leloir y el CONICET.


(Lucas Vallorani/Prensa Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación)
 

–¿Cómo trabajan en forma colaborativa con otras áreas de gobierno?
–Trabajamos en conjunto la jefatura de Gabinete, el Ministerio de Salud y el Ministerio de Ciencia. Sumamos a los laboratorios y los sistemas de ciencia que cuentan con las pruebas de diagnóstico PCR como un segundo anillo de contención para hacer más tests. Contamos también con las universidades, como la Universidad de Córdoba, que estaba haciendo diagnóstico de PCR, y con la UBA, que está haciendo 200 tests diarios. Y hay muchos más centros universitarios que se pueden sumar. Estuvimos apoyando también a las empresas que fabrican respiradores. Hemos puesto todo esto en juego y lo hemos apoyado con una convocatoria. Nos permitió en un mes contar con 400 millones de pesos y ahí hay que agradecer a organismos de crédito internacionales como el BID y al Mercosur que reasignaron fondos que estaban destinados a otras necesidades para volcarlos en esta tarea. La cooperación entre ciencia y salud es clave para frenar esta pandemia.
–¿Cree que el sistema científico argentino saldrá fortalecido?
–No tengo ninguna duda. El haber encontrado una ciencia con muchas dificultades al igual que el sistema de salud y salir a poner de pie a estos sectores del Estado significa que las políticas anteriores no fueron las correctas. Si se deja de hacer una inversión en salud y en ciencia –hablo de inversión y no de gasto– es porque se está descuidando el futuro. Y el futuro de un país se basa en la educación y en el conocimiento de la población, que pueda disfrutar la salud como lo entiende la Organización Mundial de la Salud.
–¿Las situaciones de emergencia permiten advertir con mayor claridad la necesidad de determinadas políticas públicas?
–Uno ve la necesidad de las políticas públicas justamente cuando suceden situaciones como estas. Cuando el mundo sufre algo inesperado es cuando aparecen las capacidades que tienen los distintos Estados para ayudar a los ciudadanos. Y vemos cómo es fundamental para poder asegurar una asistencia adecuada a los ciudadanos y tener la posibilidad de superar una enfermedad contando con los medios necesarios, evitando colapsos en el sistema de salud como sucedió en Europa.
–¿Podemos soñar con una soberanía científico-tecnológica?
–Cuando uno ve a un avión de Aerolíneas Argentinas que parte a buscar insumos a otro país, algo que todos celebramos, porque entre todos colaboramos en la emergencia y vemos a los pilotos como héroes, también es verdad que deseamos poder tener también una soberanía tecnológica. Poder desarrollar aún más nuestras propias capacidades. En nuestro país se fabrican respiradores y no en todo el mundo se hacen. Aquí hay luces, hay capacidades, tenemos el INVAP y empresas de base tecnológica que nos dan elementos para poder crecer. Ahora tenemos que avanzar mucho, es parte del desafío que también nos impone esta pandemia. Con buenas políticas es posible hacer foco, articular y estructurar el sistema de ciencia para atender y resolver los problemas que puede tener nuestro país. La construcción de estas capacidades hace a la soberanía científico-tecnológica.
–¿Este es un Gobierno de científicos?
–Lo dijo el presidente y lo ha demostrado. Lo primero que hizo fue rodearse de epidemiólogos, infectólogos y expertos que lo asesoran. Los escucha y toma decisiones en base a lo que recomiendan los expertos. Hay un sector político que desprecia la ciencia. Pero no solo hay científicos en el Gobierno sino también en la emergencia. Esto es lo que hoy hace que la Argentina tenga la situación controlada dentro de la incertidumbre que hay en este escenario.
–¿Qué pronósticos puede hacer a corto plazo?
–Esto es un día a día, viendo qué hacer con el conocimiento actual. Controlando el brote como se está haciendo. Flexibilizar las medidas e inmediatamente observar los resultados, ver cómo se comporta la curva de contagios, analizando si es necesario más o menos aislamiento. Por lo que sabemos, el crecimiento de los casos está relacionado con el transporte público, con el movimiento de las personas. Hay que observar y analizar los comportamientos, hay lugares que requerirán más aislamiento que otros.
–En ciencia existen más preguntas que certezas?
–No hay certezas. Hay ensayos optimistas que están hablando de una vacuna para el mes de agosto, pero lo cierto es que hoy no tenemos fármacos y no tenemos vacunas. Sí tenemos higiene y aislamiento. Tenemos que seguir siendo cuidadosos.