La misma sangre
Miguel Cohan

El director Miguel Cohan vuelve al cine después de la serie La fragilidad de los cuerpos con este thriller sobre una familia de apariencia normal. La muerte de uno de sus integrantes dispara engaños, envidias y odios a partir de un campo que se fue heredando de generación en generación. En el comienzo, el personaje de Norman Briski trabaja en ese espacio rural cuando la muerte lo sorprende, en una suerte de preámbulo que anuncia la tragedia que vivirán sus descendientes. Nueve años después, quien comanda la familia es Elías (Oscar Martínez) y el control de la tierra será su fortuna y su condena. Pero las cosas se precipitan cuando muere en misteriosas circunstancias su mujer, Adriana (Paulina García), situación que lo deja en el ojo de la tormenta. Con este giro, el film adquiere un doble registro: por un lado, se trata de resolver el enigma y, por el otro, de encontrar las razones detrás de los sucesos. La historia es contada en un primer momento desde el punto de vista de su yerno, Santiago (Diego Velázquez), como un testigo que recopila pistas de modo detectivesco mientras observa con desconfianza a su suegro. En un segundo momento, la misma acción se cuenta desde el lugar de Elías y se revelan sus problemas económicos, en un relato que vira hacia el drama familiar. Sobre el final, es su hija Carla (Dolores Fonzi) quien toma las riendas narrativas. La historia no es novedosa, aunque sí la manera de ser narrada: estos cambios en el foco de los personajes administran con inteligencia la información proporcionada y mantienen en vilo al espectador. Al igual que en su ópera prima, Cohan escribe el guion junto a su hermana Ana, y logra aciertos en la distribución de los papeles: explota el don de Martínez para componer personajes malditos y, a su vez, aprovecha el duelo actoral del actor de El ciudadano ilustre con Fonzi. Ambos, como en La patota, mantienen una conflictiva relación filial. El elenco se completa con el chileno Luis Gnecco como Lautaro (amante de Adriana), Malena Sánchez (la otra hija) y Emilio Vodanovich (el nieto), interpretaciones que potencian una sórdida propuesta sobre el peso de las herencias.

Emiliano Basile