La otra epidemia
Violencia de género
Cómo hacer que las mujeres que están confinadas en sus hogares con sus agresores puedan denunciar situaciones abusivas es el desafío que desvela a profesionales y funcionarias en el contexto de la cuarentena obligatoria. El femicidio de Cristina Iglesias.
Carolina Keve

Balcón. El colectivo Ni Una Menos y otras organizaciones convocaron a un ruidazo para alertar sobre los riesgos que implica el aislamiento. (Télam)

Ada tenía 7 años, el pelo castaño y unos enormes ojos verdes como un bosque transparente. La encontraron enterrada junto a su mamá en el jardín, cubiertas con una manta. Cristina Iglesias y su hija llevaban desaparecidas tres días. A medida que pasaban las horas, la pequeña casa de Lanús iba revelando algunos rastros. Y el colchón mojado, las manchas de sangre anticiparon el peor desenlace que, dos días después del hallazgo, Abel Romero confirmó al confesar que las había asesinado.
Durante la primera semana de la cuarentena obligatoria adoptada frente a la pandemia de Covid-19 se registraron al menos 7 femicidios, 3 intentos frustrados y otros 4 casos que están siendo investigados. Mientras tanto, las consultas por violencia de género siguen en aumento, configurando una verdadera preocupación en distintos estamentos oficiales, muchos de los cuales diseñaron respuestas institucionales novedosas para hacer frente a uno de los principales problemas: cómo facilitar que las mujeres puedan denunciar si están encerradas todo el día con el agresor.
La Línea 144, de atención a mujeres en situación de violencia, ya había tomado nota de este problema. Año tras año, mes tras mes, las estadísticas lo confirmaron: el pico de llamadas sube pasadas las primeras horas de la mañana hasta caer la tarde, cuando la amenaza vuelve a casa. Por eso, la línea dependiente del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad habilitó la posibilidad de recibir denuncias por WhatsApp, por mail y una aplicación gratuita  que se puede descargar en el teléfono.
«Lo que hemos observado es que también aumentaron las consultas por situaciones que en otros momentos no se hubieran hecho. Es que frente a un contexto así hay otros umbrales de resistencia. Estar encerrado con el agresor potencia y agudiza muchas situaciones –evalúa Soledad Dawson, coordinadora de los Equipos Móviles de Violencia Familiar y Sexual del Programa Víctimas contra la Violencia a cargo de la línea 137– y nos obliga también a generar recursos de emergencia, otros modos de llegar. El otro día llamó una mamá que encontró al padre abusando de su hija. En una situación así se realizó todo el protocolo, la llevamos al hospital e intervino la fiscalía. En esos casos se sigue operando con la misma celeridad».
En este sentido, desde la Justicia se prorrogaron automáticamente diversos recursos, como las restricciones perimetrales, y los juzgados de familia están recibiendo a las mujeres para hacer un seguimiento de las causas. No obstante, desde la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM) informaron que las denuncias disminuyeron considerablemente, lo cual está lejos de constituir una buena noticia. Solo significa que las víctimas no están pudiendo tener acceso.
Dentro de este contexto, viene teniendo mucha repercusión la campaña #BarbijoRojo, organizada por el Ministerio de Mujeres de la Nación, y la Confederación Farmacéutica Argentina, que habilita la posibilidad de que las mujeres y personas LGBTI que sufren violencia puedan acercarse a la farmacia más cercana o llamar a la de confianza y solicitar un barbijo rojo para que el personal entonces entienda que debe llamar a la Línea 144.


No estás sola
Otra iniciativa novedosa fue la implementada en la provincia de Córdoba por el Centro Integral de Varones dependiente del Polo Integral de la Mujer, donde lanzaron una campaña que interpela a los hombres. «En este contexto de aislamiento social es importante manejar el enojo», dice la leyenda, y ofrece la línea +543513070929 (para comunicarse por WhatsApp) o +543514342188/89 (para llamadas de voz). Según consigna el medio de comunicación Latfem, desde el organismo informaron que en una semana atendieron por primera vez casi la misma cantidad de varones que reciben en un mes.
«La prolongación del encierro y la falta de contacto físico pueden ejercer efectos subjetivos muy fuertes. La sensación de soledad se multiplica y sin dudas eso ejerce consecuencias en la salud psíquica. Para muchas mujeres este cambio de rutina, después de venir tan lastimadas psíquicamente, puede implicar una reducción de sus recursos. Remontar esas condiciones va a ser muy difícil», evalúa Dawson sobre lo que sin dudas constituye otro de los grandes problemas del aislamiento: el potencial distanciamiento social de las víctimas y las huellas psíquicas que un contexto crítico, de estas características, puede implicar en vidas tan vulnerables.
«Compartir un encierro con el agresor y en la mayoría de los casos con hijas e hijos, agudiza la sensación de desprotección, vulnerabilidad y soledad», coincide Ada Rico, presidenta de la organización La Casa del Encuentro. Frente a ello, los recursos personales y todo aquello que permita sostener un vínculo con el exterior resultan fundamentales: «Es necesario que sepan que no están solas, que en lo posible utilicen la tecnología para estar contactadas con su entorno, que tomen por costumbre tratar de comunicarse con alguien de su confianza diariamente o que utilicen grupos de WhatsApp, mensajes y redes sociales para conversaciones generales que le permitan estar en contacto, sin dejar mensajes escritos en sus teléfonos». Desde la organización reconocen que durante las últimas dos semanas aumentaron las consultas telefónicas un 25%, y mientras mantienen el canal telefónico y la página de Facebook para brindar asesoramiento legal o psicológico, Rico recuerda una premisa: «En estos tiempos, si la mujer vive con el agresor siempre le pedimos que sea ella quien nos contacte y nos diga si la podemos llamar y cuándo, jamás dejamos mensajes por su seguridad».
Otro problema que se suma a la vulnerabilidad de muchas mujeres es el de los ingresos económicos. La provincia de Buenos Aires habilitó por eso la posibilidad de solicitar un subsidio en aquellos casos más urgentes o en los que es necesario cubrir traslado y alojamiento. Medidas que construyen un escenario donde la urgencia de la coyuntura hace imposible pensar en consecuencias a mediano y largo plazo, pero se vislumbra un futuro muy crítico.