La vigilante del futuro
Rupert Sanders

Mucha plata (120 millones de dólares) y una gran estrella (Scarlett Johansson) fueron las apuestas principales de los productores de esta película de impactante factura técnica, basada en un manga de los años 80 creado por Masamune Shirow. Ya Mamoru Oshii lo había adaptado para un largo de animé. Y ahora Hollywood encara el relato con una espectacularidad visual que atrapa de entrada e intenta complementarse con una trama bastante simple: un ciborg construido en una primera secuencia que remite a la serie Westworld descubre, gracias a una inteligencia similar a la de los humanos, que la poderosa compañía para la que trabaja ha borrado deliberadamente de su memoria eventos clave de su pasado. Ese es el disparador de un argumento cuyo avance más de una vez se morigera por el peso de los mensajes políticamente correctos, que recargan el ambiente y conspiran contra la dinámica narrativa. El director es el británico Rupert Sanders, el mismo de Blancanieves y la leyenda del cazador. El personaje de Johansson, la sugerente Motoko Kusanagi, debe enfrentar a un peligroso pirata informático que trata de anular los avances en la integración de la biología y la tecnología. Y para eso se zambulle de lleno en una aventura que, a medida que corre hacia su desenlace, se beneficia más con la acción que con las ambiciones reflexivas que intenta desplegar la historia.

Alejandro Lingenti