Las dos reinas
Josie Rourke

Como los sucesos históricos conocidos no admiten el peligro de espoiler, Las dos reinas empieza con María Estuardo, en destellante vestido rojo, poniendo la cabeza para que su verdugo la separe del resto de su cuerpo con un hachazo. Estamos en 1587, pero de acá el relato salta a un cuarto de siglo antes, cuando María, hija de Jacobo V y viuda adolescente del rey de Francia, desembarca en costas escocesas con el plan de reclamar el trono. Como monarca de Escocia, puede extender su potestad sobre Inglaterra, lo cual dispara la larga saga de conflictos, negociaciones y conspiraciones entre su Corte y la de la otra reina, Isabel, hija de Enrique VIII, a quien une con María un lazo de sangre (son primas), a la vez que las separa la religión (la escocesa es católica, la otra, protestante) y, por lo tanto, la política. Aunque la historia de «María, reina de Escocia» ya fue llevada al cine y al teatro varias veces, se trata de uno de esos episodios que habilitan nuevas lecturas y puntos de vista para cada época. Proyecto largamente demorado que alguna vez tuvo a Scarlett Johansson como potencial protagonista, hoy encuentra en Saoirse Ronan (Ladybird, Brooklyn) una Mary vital, poderosa, perfecta para los amantes del cine ambientado en otros siglos y un poco también para los fans de Game of Thrones. Y en la más sombría Isabel, interpretada por la bella Margot Robbie, un notable contrapunto. La pregunta es cuál de estas dos presuntas vírgenes habrá de darle un heredero al trono y, por lo tanto, hará prevalecer sus convicciones sobre asuntos referidos al Estado y a Dios. El principal truco de la apuesta de la directora Josie Rourke (que proviene del teatro pero piensa en cine), así como de su guionista Beau Willimon (House of Cards), consiste en posponer el encuentro entre las dos reinas, que se relacionan casi exclusivamente a través de intercambios epistolares. El otro gran eje de la película es su agenda de género: la recorre una idea de «sororidad» en un mundo de varones que tienden a resolver todo a garrotazos.

Mariano Kairuz