Las lealtades
Delphine de Vigan - Anagrama - 208 páginas

Sobre Las lealtades, nueva novela de la francesa Delphine de Vigan, llama la atención lo expresado por Le Nouvel Observatour. Señala una de las mayores virtudes del texto: «Evita toda forma de compasión y no emite ningún juicio moral». Y de inmediato agrega que «testimonia, y eso es lo esencial». Sin embargo, el valor de su pluma reside, precisamente, en llevar con firmeza las riendas del relato, diseñar estructuras compactas sin renunciar al verosímil ni a la profundidad psicológica de los personajes. Como ellos, su ficción realiza manipulaciones maestras sin atarse a ningún realismo ramplón para hacernos creer en sus historias y dejarnos agarrados a ellas. Novela polifónica, se divide en capítulos narrados en primera o tercera persona que adoptan el punto de vista de los personajes: los preadolescentes Theo y Mathis, la docente Helene y Cecile, madre del segundo. El «caso» de Theo –es retraído, falta a clase, se emborracha– sirve para exponer las tensiones entre la intervención plausible de familia y colegio, y en cualquier caso, la ineficaz reacción institucional ante la voluntad de Helene para desentrañar el problema. La rigidez escolar –tema siempre convocante, desde la Juvenilia de Miguel Cané a la pochoclera La sociedad de los poetas muertos– choca con la precaria metodología que ella lleva adelante; a pesar de sus buenas intenciones, ayudarlo tampoco será fácil. Cecile encarna la esposa de origen humilde preocupada por «estar a la altura» de la aristocracia de su marido, sobre quien descubre un importante costado secreto. «Quizá, de manera general, el problema viene de mí. Soy la pieza defectuosa de un mecanismo burgués que funcionaba desde la noche de los tiempos. Soy (...) la oveja negra disfrazada de ama de casa», dice. La lealtad, acá, implica un acto hipócrita, una mentira como forma de protección ante un mundo hostil; pero los secretos en cada una de esas vidas condenan, cuando buscan una salvación.

Sonia Budassi