Las malas
Camila Sosa Villada - Tusquets - 224 páginas

Camila Sosa Villada, autora de Las malas, dice que su primer acto oficial de travestismo fue en la literatura: allí se encontró escribiéndose como una mujer. Y hablar de ella en femenino fue una forma de exploración en el lenguaje, un tanteo con la palabra, porque ya usaba las pinturas de su madre desde los 3 o 4 años. Lo que narra en esta novela –la primera que publica luego del libro de poemas La novia de Sandro y El viaje inútil, texto que cruza la autobiografía con el ensayo– es también un retrato de sí misma y una suerte de diario, si se considera la intimidad de lo narrado: el testimonio de una existencia con un deseo, una sexualidad y un cuerpo disidentes, lo que le otorga a lo que escribe una dimensión política poderosa. En ese tránsito, Las malas es tanto un cuento de hadas como uno de terror –así lo resume Juan Forn en el prólogo– en el que aparecen las primeras experiencias en el sexo, los boliches y reservados de la adolescencia; las aulas de la facultad en las que cursaba de día y la prostitución que le dio el pan en las noches del Parque Sarmiento; una madre que llora y mira en las revistas una vida que no tendrá; un padre que obliga a los demás al silencio cuando escucha las noticias. Y también el miedo y los calabozos de la capital cordobesa; la vergüenza que le daba vender en la calle desde los 8 años; el ritual de depilarse las piernas debajo de la ducha; las compañeras travestis muertas de VIH o tiradas en bolsas de consorcio como si fueran descartables. Una narración que deja ver muy claramente los márgenes a los que es relegada toda disidencia, y luego esa operación siempre dolorosa que permite articular reivindicaciones y resistencias.

Viviana Vallejos