Las y los neuquinos y Vaca Muerta
Elio Brat
Periodista

A principios de los 90 en las paredes de la capital neuquina se leía «Neuquén decide el futuro del país». Hoy, tres décadas después, hablando del yacimiento petrogasífero más grande de Argentina, Vaca Muerta, tanto el presidente Macri como el oficialista Movimiento Popular Neuquino coinciden en repetir el mismo eslogan. Sin embargo, los y las que no quieren que el septuagenario partido de los Sapag se mantenga en el poder recalcan que Neuquén «no es una isla», marcando que de los casi 300.000 millones de pesos que las empresas petroleras ganarán este año con este gran yacimiento, poco y nada aportan para la diversificación productiva de esta provincia.
Mientras que la producción de gas en Vaca Muerta llegó a 4 millones de metros cúbicos, el 10 de marzo casi medio millón de neuquinos y neuquinas eligen un nuevo gobierno para el período 2020/24. La pregunta es, ¿cuánto de la riqueza inmensa que sale del corazón energético de la Argentina queda en esta provincia? ¿Será que lo único que queda en Neuquén es un pasivo ambiental de residuos tóxicos en lugares como Añelo, Rincón de los Sauces, Cutral Co y Plaza Huincul, con millones de litros de agua contaminados por la industria hidrocarburífera con el peligroso método del fracking? La salud y la vida de la población neuquina de esos lugares no son cuestión del futuro, sino que tienen una rigurosa actualidad.
Los versos de «El arriero», de Atahualpa Yupanqui, tienen una particularidad por estas tierras: mientras que las penas y las vaquitas se van por la misma senda, en Neuquén el petróleo y el gas se licúan y guardan en bolsillos ajenos y las migajas y el pasivo ambiental, o sea las penas, quedan en territorio neuquino sin que miles de sus pobladores puedan disfrutar y vivir del llamado Kuwait argentino.