Liminal
Leandro Erlich

Con Liminal, primera exposición antológica de Leandro Erlich en el continente americano, este artista argentino, discípulo de Pablo Suárez, Luis Fernando Benedit y Luis Felipe Noé, logró transformar el espacio del MALBA en una suerte de parque de atracciones al que concurren unos 2.700 espectadores diarios desde su inauguración, ávidos de experimentar los aspectos lúdicos e interactivos de su obra. La muestra, curada por el estadounidense Dan Cameron, reúne 21 instalaciones, la mayoría de gran formato, producidas entre 1996 y la actualidad. En ellas, Erlich indaga en el terreno de la percepción y busca deconstruir, en las situaciones de la vida cotidiana, a las que remiten sus trabajos, la idea de la realidad como algo fijo e inmutable. Abre, con sus obras, un espacio de juego para el espectador: el truco está a la vista, solo hay que mirar mejor para descubrir el artificio. La ingeniería y la maquinaria escenográfica de sus obras es titánica, pero la idea que lo sostiene todo es concreta y sencilla: correr el velo para mostrar el artefacto, señalar el carácter de construcción que existe en todos los rincones de la vida humana. Dentro de Liminal se puede encontrar un ascensor montado en la pared, con su botonera y sus puertas de acero, que se abren y cierran para mostrar en su interior a los pasajeros proyectados en una pantalla; una pileta en la que, debajo del agua, hay otros espectadores que observan a los que están en la superficie; o un salón de peluquería, con sus grandes espejos, en los que no es posible ver el reflejo propio. Las obras de Erlich son siempre una trampa para el ojo, un desplazamiento mínimo que permite la representación e introduce la pregunta sobre ella.

Viviana Vallejos