Los retos del nuevo periodismo
Pablo Caruso
Destacado en el medio radial, el conductor del ciclo Que vuelvan las ideas analiza las tensiones entre viejas y nuevas formas de comunicar, la construcción de agendas de debate, los cambios en el consumo de información a partir de las nuevas tecnologías y el escenario político.
Jorge Vilas - Fotos: 3Estudio/Juan Quiles

No hay un periodismo, hay varios. Me parece que hay una renovación, una nueva camada, que tiene ganas de rescatar lo básico. Eso no quiere decir volver para atrás en todo lo que el periodismo ha evolucionado, no quiere decir volver a la teoría de la objetividad; es un nuevo periodismo que recupera la ética, pero que al mismo tiempo asume que las empresas periodísticas tienen intereses y que los y las periodistas tienen una subjetivad de la que no reniegan». Para Pablo Caruso, el oficio de informar atraviesa al mismo tiempo una crisis y una suerte de refundación. «Veo en algunos casos también algo que se perdió, tener un maestro al lado, tener alguien que te guía. Pero –rescata– queda gente con muchos años de laburo, muy críticos del oficio, que sabe que tiene que generar un puente generacional, y en ese puente generacional hay un acompañamiento, no hay un largarlos a la cancha porque sí». Cada tarde conduce en la AM750 el ciclo Que vuelvan las ideas, del Centro Cultural de la Cooperación, junto a Luis Pablo Giniger y Valeria Delgado, y secunda por las mañanas a Cynthia Ottaviano en Volver a las fuentes, por la 990. Además, está al frente de Sin vueltas. Charlas de café, un ciclo de entrevistas que se difunde por Floreal TV, el canal del CCC. Caruso, que alguna vez soñó con ser biólogo marino, comenzó a forjarse un lugar en el periodismo radial en 2001 y hoy se destaca en cada uno de los espacios en los que participa.
–Si hay varios periodismos, ¿cómo ves al que predomina en los medios hegemónicos?
–A la versión más permeable al acuerdo con las corporaciones la veo en retirada, porque se va quedando sin interlocutores válidos. Primero, por una cuestión tecnológica, las nuevas generaciones están en otra y uno de los desafíos del periodismo es ver cómo conecta con la nueva generación. Y después, porque quizás la gente con más experiencia, aunque siga leyendo Clarín, ya sabe que Clarín tiene intereses, ve cómo muchos están quedando muy en ridículo, y de ese ridículo es difícil volver. Veo que el nuevo periodismo está en movimiento, veo que está en tránsito hacia algo que parece ser piola, sobre todo, insisto, en el sentido de recuperar una ética que estuvo bastardeada durante todos estos años.
–¿Cuánto tiene que ver esa forma de ejercer el oficio que para vos está en retirada con la construcción del concepto de grieta?
–Es muy simbólico que con el cambio de Gobierno una enorme cantidad de referentes comunicacionales, no necesariamente periodistas, pero sí comunicadores políticos, se retiran de la política, dejan de conducir programas políticos o pasan a hacer otra cosa, chimentos, entretenimiento puro y duro… Y eso me parece que es un síntoma, es gente que entiende que ya no tiene lugar ahí, porque les excede, porque no están formados para lo visible de la gran contradicción entre el ejercicio periodístico muy vinculado a intereses económicos y un ejercicio periodístico más liberador.
–¿Juega lo generacional en ese contrapunto?
–Sí, me parece que está cruzado por algo generacional. Hay un piberío que quizás no tiene el contexto que tenía; a ver, me parece que antes para jugar en primera tenías que hacer unas inferiores muy duras y hoy todo se ha vuelto más accesible. Con pocas herramientas vas a la cancha y por ahí a veces faltan contextos, falta formación, cultural general y eso cuando laburás en periodismo es muy importante porque la red semiótica te lleva a vincular una enorme cantidad de temas que te hacen formular la mejor pregunta o por ahí te pasa un elefante por al lado y no lo reconocés. Eso lo veo también como un desafío para las nuevas camadas. Pero me parece que vienen con otra impronta, con una impronta de recuperación ética, nativos en la transformación tecnológica y con hambre, asumiendo la subjetividad política. Asumir la subjetividad política no quiere decir que se reconozcan militantes de una idea política y la lleven adelante; lo que quiero decir es que se saben portadores de valores que no pueden dejar afuera en las entrevistas que hacen, reconocen los valores que tienen. Eso me parece sumamente positivo.
–Otro factor a considerar es la precarización, profundizada en los últimos años.
–La precarización hace que el laburo periodístico caiga muchísimo. Para preparar una nota o una crónica, necesitás horas, necesitás formarte para el tema antes de ir a hacerlo, y hoy ese tiempo no lo tenés. Hay gente que tiene dos o tres laburos, es imposible. La precarización viene de hace tiempo, es anterior a la grieta. Creo también que hay una gran crisis de gestión de medios. No se supo prever cómo las cosas iban cambiando, cómo las nuevas tecnologías iban impactando también sobre la oferta, más allá de que la demanda siempre está. Puede ir cambiando la demanda, pero está. Hoy el on demand, esto de «leo lo que quiero, escucho lo que quiero, veo lo que quiero en el momento que a mí se me ocurre», es impactante, no pensé que iba a suceder tan rápido. Nos pasa en la radio, donde desde siempre lo más interesante es el vivo, ¿no? Y, sin embargo, gente que nos escucha nos dice: «Yo te escucho en Radio Cut, me llevo el recorte para un momento determinado en que estoy tranquilo y lo escucho». Bueno, esa situación que nadie supo leer bien, evidencia una crisis de gestión, sobre todo en los medios populares, con ideologías alternativas. También creo que las nuevas generaciones están muy pendientes de que todo rebote. Por ahí, no es lo que era antes la primicia, pero sí estás muy preocupado de hacerlo rebotar, y eso no me parece tan sano.
–La radio parece el medio menos afectado por estos cambios tecnológicos, o al menos, el que mejor se adapta, ¿es así?
–Es que la radio, a diferencia de la televisión y de la gráfica, es vínculo. La radio es ante todo, un vínculo interpersonal. Mirá ahora, nos pasa cuando salimos desde un móvil de exteriores o en distintos encuentros con los oyentes, que te mirás a la cara y ya te conocés. Vienen a saludarte porque pasamos la tarde juntos y nos reímos y vivenciamos todo lo que nos interesa, que no es solamente la coyuntura dura política, es cómo salió el partido anoche, cómo me cargaron, es la preocupación que tengo sobre lo caros que están los útiles escolares, qué estamos comiendo, adónde vamos de vacaciones, qué viaje hicimos que nos gustó. O sea, es vivencial, y eso hay que alimentarlo permanentemente. Hay una confianza establecida. Si rompés ese código, estás rompiendo todo.

–Un debate clave en los medios es la construcción de agenda. ¿Cómo trabajan ese tema en la radio?
–Nuestro programa, quizás como Acción, es privilegiado en cuanto a que no dependemos de ver cuánto vendimos o no de publicidad. Hay una organización que es el movimiento cooperativo, en nuestro caso específicamente el Centro Cultural de la Cooperación, que quiere un programa con las características de cualquier otro programa del sistema, mediante el cual pueda difundir sus valores. ¿Por qué explico esto? Porque la verdad es que no estamos mirando el minuto a minuto; si bien el rating nos importa porque queremos que cada vez nos escuche más gente, no es determinante para lo que hacemos. Entonces, nos damos el lujo de tomar de la agenda lo que efectivamente queremos tomar. Lo que me parece interesante preguntarse es si puede sobrevivir alguien que no tenga este esquema: una organización que apuesta a la comunicación y que sostiene a mediano y largo plazo un proyecto. Creo que por ahí va el modo en el que nosotros, Que vuelvan las ideas, Acción y el movimiento cooperativo, podamos ser fieles en términos comunicacionales con lo que hacemos. Porque lo otro es una picadora de carne, no tiene problema en bajarte de una semana para la otra; si no seguís su agenda es un crimen. Nosotros nos movemos con soltura, eso es un privilegio, y siento que lo tenemos que aprovechar. Si seguimos ciegos detrás de la agenda que nos imponen, no estaríamos haciendo bien nuestro trabajo. Ahora, si somos un reducto al que no le importa nada la repercusión que tenga el programa, no nos importa si tenemos audiencia o no, también estaríamos haciendo mal nuestro laburo. En ese equilibrio nos movemos.
–Es el equilibrio fino entre la agenda propia y la instalada, a la cual tampoco podés desconocer completamente…
–Tampoco puedo ser ajeno a la agenda mediática, aun a la que te imponen; lo que puedo hacer es tratar de desmantelarla. Que vuelvan las ideas pretende ser, entre otras cosas, también informativo, y si quien nos está escuchando se tuvo que ir a otro lugar porque no consiguió lo que quería, sea una demanda genuina o sea una demanda artificial del sistema de medios hegemónico, si no lo encuentra y va a otro lado, estoy haciendo algo mal también.
–¿Qué expectativas te genera el nuevo contexto político después de los cuatro años del macrismo?
–Todas.
–¿Todas?
–Sí. Si me preguntabas hace un año si iba a estar saludando en una plaza a Alberto Fernández te decía que no, y hubiera sido síntoma de derrota. Me parece que hay, primero, un gran mérito de construcción de unidad, que al principio fue electoral, pero después se fue amalgamando entre la elección y la asunción, dando gestos permanentes. Lo gestual y lo discursivo mostraron capacidad de acción política, la composición del Gabinete creo que es una maduración de todo eso, aunque sea el primer Gabinete y después en el andar puede haber modificaciones. Creo firmemente que en la suerte de la unidad política está la suerte del proyecto que se encara. Pero también hay experiencia en la gestión; creo que como nadie Cristina y varios de los ministros y las ministras que están conocen la mecánica del Estado y creo, también, que Alberto Fernández es el hombre y sus circunstancias, que ahora está frente a la historia, ya no está en su tarea anterior, la de articulador político, la de armador, ahora es él y se puso en juego. Ojalá pueda desarmar la herramienta grieta que es una herramienta de lobby. Creo que somos muy conscientes de que esa grieta expresa conflictos de intereses, de posiciones y de clase de muchos años atrás. Pero la herramienta grieta es una herramienta del odio, que lo que busca es anular la posibilidad de un debate, anular la posibilidad de la palabra, anular la posibilidad de la política. La grieta busca anular la política.
–¿El nuevo Gobierno deberá lidiar con un contexto regional adverso?
–Sí, pero hay que ver bien lo que está ocurriendo, porque por ahí es un mal momento en términos institucionales de la región, pero parece ser un buen momento de los pueblos, que no se bancan los ajustes que plantea el neoliberalismo. Todos los proyectos populares no bajan del 45% del electorado y eso es un activo. También me parece claro que el neoliberalismo no tiene mucha herramienta para arraigar su modelo si no es con violencia y represión. Lo que está en crisis, creo, es la democracia que se construyó en la posdictadura: esa democracia, muy debilitada, muy restringida, que celebraba la formalidad de ir a elecciones, que celebraba la formalidad de tener cierta libertad de expresión en los medios o fuera de ellos, pero con debates muy limitados. Me parece que esa democracia ya no les cierra más a las grandes mayorías, no les cierra más porque sus demandas van creciendo y esa democracia no las satisface. Y por esa misma razón tampoco les satisface a las élites económicas, porque tienen que entregar permanente privilegios que no estaban dispuestos a entregar. Las oligarquías no pueden jugar más al juego democrático y se muestran tal cual son: represivas y antidemocráticas. Y las grandes mayorías populares se fueron organizando, tienen dirigentes nuevos, tienen dirigentes jóvenes, otro tipo de reclamos. Parecen haber encontrado quizás un desafío de nuevo en la democracia, en una democracia más plena, donde van a volcar sus intereses y sus demandas. Empiezan a entender que hay un «nunca más» que tiene que ver también con el neoliberalismo. Para mí es un momento muy positivo, lo que no quiere decir que no venga con escenas dramáticas.