Los unos y las otras
Género y consumo de sustancias
Las usuarias de drogas suelen estar invisibilizadas y no ser tenidas en cuenta al momento de diseñar políticas públicas de asistencia y prevención. Además, sufren una condena social mucho más dura que los varones. Desigualdades y estereotipos.
María Carolina Stegman

Prejuicios. La culpabilización es una constante en el trato a las mujeres consumidoras. (JORGE ALOY)

in dudas ser usuario de drogas trae aparejada la condena social. No importa si el consumo es recreativo, ocasional o está vinculado con la pobreza: la figura delincuencial suele estar cubriéndolo todo y poniendo un cerco a los análisis más profundos del fenómeno. Esto es así para los hombres o jóvenes que consumen sustancias ilícitas o lícitas, pero en el caso de las usuarias es aún peor, porque se reproducen estereotipos de género propios de un sistema que las estigmatiza duramente. Este fue uno de los temas abordados durante la 16ª Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas, llevada a cabo por Intercambios, Asociación Civil para el estudio y atención de problemas relacionados con las drogas.
Para Jimena Parga, doctora en Antropología, docente e investigadora de la Universidad de La Plata, quien desde hace diez años viene realizando un relevamiento de los dispositivos terapéuticos presentes en la provincia de Buenos Aires destinados a las y los usuarios de drogas, «existen agentes que ejercen un control sobre el deseo, los cuerpos y las prácticas de las mujeres, que se desarrollan y se reproducen en la familia, el sistema de salud y el poder judicial. Hay cinco puntos donde se identifican estas formas de poder. El primero es la invisibilización de las mujeres en el tratamiento por consumo de drogas, es decir, no se hace un abordaje diferenciado, se reproducen los modelos de atención que están dirigidos a los usuarios varones que más consultan a los centros. El segundo, opuestamente al anterior, es la visibilización y culpabilización cuando las consumidoras son madres, construyéndose estereotipos de buenas y malas madres. Por otra parte, el consumo de las mujeres jóvenes, con una mirada adultocéntrica se liga con el descuido y el descontrol». Según señala Parga, el acceso a sustancias implica también nuevas formas de desigualdad, en las cuales las mujeres son expuestas a humillaciones, abusos y maltratos. «Necesitamos repensar las políticas para que se considere a las mujeres en términos de autonomía y ciudadanía», subraya.

Condiciones de vida
Un punto para no perder de vista es que el consumo de drogas también está ligado con los estereotipos de género y con lo que se espera de una mujer, de los roles que debe ocupar dentro de la sociedad.
«Hay un dato que muestra que los estados depresivos afectan mayormente a las mujeres. Por eso es necesario estudiar las condiciones de las mujeres, la maternidad, la femineidad, las condiciones de trabajo en la casa. Cabe preguntarse si estos problemas responden a las condiciones de vida de las mujeres. La ansiedad, la depresión, los trastornos de sueño son situaciones cada vez más medicalizadas en el sistema de salud. Las mujeres son silenciadas de este modo. Se deben desarrollar políticas asistenciales que no se reduzcan a tratar la patología. Tenemos que generar recursos más variados para gestionar su malestar», propone Mabel Burín, directora del Programa Postdoctoral en Estudios de Género de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES).
Tal vez sea momento de articular acciones para aportar aquí también, aprovechando la marea verde que se desató en la lucha por la interrupción voluntaria del embarazo, propuestas que ayuden a visibilizar el consumo de drogas en las mujeres y delinear políticas públicas que las tengan en cuenta.
«Estamos armando una red para abordar estas cuestiones. Encontramos muchas situaciones que se repiten: la medicalización del malestar de las mujeres; el menor acceso a tratamientos para ellas; el mayor rechazo y condena. Más ocultamiento, más culpa y más vergüenza. Por otro lado, la violencia sexual en contextos de nocturnidad asociado con el consumo de sustancias. En los relatos, aparecen muchas situaciones de mujeres abusadas solo por estar borrachas. ¿Cómo podemos sumar fuerzas? Articulando con el movimiento feminista. Sumándonos a este movimiento verde del “Ahora que sí nos ven”», concluye María Pía Pawlowicz, docente de la Universidad de Moreno y referente de las áreas de Investigación y de Intervención de Intercambios.