Love Tobías story
En el bar
Rudy

(Ilustración: Hugo Horita)

Febrero va circulando. Tardecita soleada en el bar. Y en la mesa de siempre, ellos, ellas, elles.
–Decime, Tobías de mis recalcitrantes onomatopeyas. ¿Vos estás enamorade de mí?
–¿Enamorade?
–No huyas de mi preguntu, cobardo. Respondeme con la verdad o con la posverdad y tendrás un juicio justo.
–Pero Rebequita de mis aminoácidos esenciales, ¿qué bacteria ha contaminado tus pensamientos? ¿Qué protozoario nada en tus dendritas? ¿Que clostridium practica el anaerobismo en tus razones? ¿Qué bacilo, coco, riquetsia o moho contaminó tus cosmovisiones?, o sea: ¿qué bicho te ha picado?
–Siempre huyendo viperinamente de mis cuestionarios, ¡oh tú, resabio patriarcal del monoambiente machistiforme! ¿No ves que ni siquiera sos capaz de decirme que estás enamorade de mí?
–No es eso, Rebequita de mis costillitas a la riojana.
–Nunca es eso. Pero ahora pasó San Valentín, el día de las relaciones carnales, y vos, ni jota. Hasta el presidentísimo le mostró al pueblo su sentimiento, desplegando un banner gigante tercerizado de Romeo y Julieta, para darles a entender que si lo vuelven a votar, van a terminar muy mal, como los amantes de Perona.
–¡Eran de Verona, Rebequita de mis torrejas apenas rebozadas!
–¿Eso a quién le importa, Tobías?, si eran de verona, posverona o falsona? No le importa a nadie. ¡Lo que importa es el amor! ¡Money can’t buy me love!
–No, Rebequita de mis esfuerzos duodenales, el dinero no puede comprarme, amor.
–¡A vos no, porque no tenés, Tobías de mis ridiculeces aspiracionales, pero a Mauricio sí, porque tiene mucho money. Jiar, dear, everywear and in panamapeipers. Entonces él puede enamorarse de Fmi.
–¿De Fvos?
–¡Del FMI! Tobías de las ingenuidades populistas. ¡Y pasan un 14 de febrero meta fuqui, fuqui, fuqui!
–Rebequita de mis sonrojadeces, ¡no digas esas cosas, que es casado!
–No te preocupes, Tobías de mis melones rocío de miel. El pueblo va a mirar para otro lado, y si se les ocurre mirar para ahí igual no van a ver nada porque ya va a estar todo en el Caribe, y además no van a tener luz, o sí, pero carísima.
–No sé, Rebequita.
–Vos nunca sabés, Tobías. De hecho, llega San Valentín y no me dijiste que me amabas.
–Me dio miedo de que lo vieras como un resabio metamachista, Rebequita.
–Tobías, jamás lo vería de esa manera, ¿sabés por qué?
–No.
–Por eso, porque nunca sabes por qué.
Los dejamos solos.