Luz de alerta
Marcelo Betti
Economista

Uno de los efectos de la crisis económica son las crecientes dificultades financieras que atraviesan empresas y familias. Muchas pymes frente a la caída de las ventas tienen que hacer «malabares» para alcanzar a pagar los préstamos que tomaron. Y las familias, ante la caída del salario real, presentan menos holgura para afrontar los pagos de las tarjetas de crédito. La demora en el pago de las deudas genera mora bancaria, un indicador que refleja las dificultades de «caja» de los agentes. Si bien se mantiene en niveles históricamente bajos, lejísimos del 37% de 2002, su recorrido reciente amerita atención y obliga a los bancos a actuar con cautela. En enero fue del 3,2% del total de los préstamos, cuando hace un año era del 1,2%. La mora de las familias subió de forma moderada, pero constante a lo largo de los últimos meses, en línea con el menor crecimiento de los salarios respecto de la inflación. Pasó en un año del 3% al 4,2%, y se ubicó en el máximo nivel desde 2010. La vinculada con las tarjetas de crédito fue la que más creció. Y la correspondiente a empresas, que hasta mediados del año pasado no reaccionaba, tuvo un alza considerable tras la fuerte suba de la tasa de interés de política monetaria. Solo entre agosto de 2018 y enero de este año pasó del 1,3% al 3,1%, siendo los sectores más afectados la construcción y la industria.
La suba de la cantidad de cheques rechazados sobre el total completa el complejo escenario. Subieron entre 2017 y 2018 del 3,1% al 5,2%, dejando al descubierto los problemas en las cadenas de pagos. La caída de la demanda, conjugada con las actuales tasas de interés, potencia la recesión y enciende una luz de alerta, por las dificultades que impone al financiamiento y el potencial incumplimiento de los compromisos de los deudores. Ya nadie puede dudar de que la continuidad del actual rumbo económico seguirá tensionando estas variables.