Manual para mujeres de la limpieza
Lucia Berlin - Alfaguara - 427 páginas

Hace un tiempo, vivió en Estados Unidos una mujer hermosa. Se llamaba Lucia Berlin. Escribía sobre la soledad, el alcohol, la ciudad, los vínculos, la familia, el desamor, el empleo. Como Carver, como Cheever, recortes de la realidad. La vida misma incrustada en situaciones cotidianas («lo superfluo es lo que nos tienta»). Personajes, femeninos en su mayoría, escondidos en el barro de la historia. Una colección de fotos sobre el lado oscuro del american way of life. Lucia Berlin contaba el dolor con ráfagas de belleza. Y lo hacía con un ritmo que por momentos fluía y por momentos se retraía, con un humor delicado, casi inglés, con finales abiertos, cercenando verbos; contando las voces de aquellos que solo podían ser escuchados por su oído sagaz. Escribía con nervio, sin grises, como quien corta el césped del lenguaje. Dicen que los 76 cuentos que publicó –es decir, toda su obra– son su biografía ficcionalizada («exagero mucho, y a menudo mezclo la realidad con la ficción, pero nunca miento»). Nació en Alaska, vivió en asentamientos mineros, en Chile, en México, en más de media docena de ciudades estadounidenses («debo de llevar 200 mudanzas a cuestas»). Trabajó como mucama («las mujeres de la limpieza lo saben todo»), enfermera, telefonista, docente. Fue madre de cuatro hijos, sufrió abandonos de pareja, publicó entre los años 60 y los 80 y falleció en 2004. Manual para mujeres de la limpieza –como Stoner, de John Williams– es un maravilloso y necesario rescate de la literatura norteamericana de las últimas décadas. «Lloro, al fin», cierra Berlin en el relato que da título al libro. Vale llorar, sea de alegría, sea de tristeza.

Hernán Carbonel