Marcar el camino
Caja económica popular argentina
Su trayectoria se inició gracias a la organización de obreros ferroviarios a fines de la década del 30. Años después, gracias al impulso del IMFC, fue una entidad destacada de Remedios de Escalada.
Maximiliano Senkiw

1982. Ya convertida en filial del Banco Credicoop, se realiza en la entidad una muestra de la Asociación de Artistas Plásticos de Lanús.

La historia de la Caja Económica Popular Argentina (CEPA) podría dividirse en dos periodos. El primero, iniciado en 1939, tiene su hito fundacional en un grupo de obreros –con pertenencia gremial– de los talleres ferroviarios de la ciudad de Remedios de Escalada, en el Gran Buenos Aires, que decidieron conforman una cooperativa de créditos para solventar distintas necesidades. Esa etapa, de una operatoria reducida a pequeños préstamos personales para trabajadores ferroviarios, se prolongó hasta la década del 60, cuando CEPA reconfiguró su actividad, producto del crecimiento industrial y comercial de la zona. Durante este segundo periodo, la caja del sur bonaerense comenzó a crecer para convertirse en una de las entidades que nutrieron al movimiento solidario de crédito impulsado en todo el país, desde 1958, por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.
«El fundador de CEPA fue José Fernández de la Vega, una persona que había sido de La Fraternidad», explicaba en 1996 al Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito, Eduardo Crippa, dirigente del segundo periodo de la caja. Esa etapa también representó una modificación en el perfil de quienes llevaban adelante la entidad. «Hay que hacer una diferencia entre los pioneros y los nuevos dirigentes que tuvieron una formación completamente distinta desde el punto de vista teórico-práctico», remarcaba Crippa. «Los primeros dirigentes avanzaron más allá de sus anhelos y crearon la caja, ese fue el mérito. Nosotros tuvimos otro tipo de asistencia, la que se realizó a través del Instituto, que es el que nos brinda toda una preparación, nos brinda una formación como para poder rendir en mejor medida y al máximo. Entonces surge algo que nosotros tal vez no lo manejábamos anteriormente, la figura de un dirigente formado, un dirigente capacitado para resolver problemas de tipo social», decía el cooperativista de CEPA.

Sello particular
La formación cooperativa fue, entonces, uno de los puntos destacados de la caja de Remedios de Escalada. Los valores y principios solidarios del sector fueron un sello particular de las personas que cumplían funciones en la entidad. A su vez, esa ética buscaba irradiarse a la comunidad. «Siempre se tuvo presente la educación cooperativa, algo que es fundamental porque la persona que se acercaba a una entidad de crédito por asistencia financiera no tenía la menor idea de adónde iba. Venía a buscar dinero que necesitaba y porque le contaban que había una caja de crédito que le podía facilitar esa posibilidad. Pero iban, por lo general, sin ninguna formación. Cuando se los incorporaba, cuando comenzaban el vínculo con la cooperativa, se buscaba también que se conozcan los principios cooperativos y que, entre esa masa de asociados, también pueda surgir un futuro dirigente», comentaba Crippa. Simón Gamarnik también participó en la caja y se refería, en una entrevista para el mencionado archivo cooperativo, al resultado de esa tarea formativa: «De alguna forma, la gente estaba ganada por la conciencia cooperativa. Recuerdo esos imponentes actos de todo el movimiento que se hicieron en el Luna Park. Se llenaba la cancha de Atlanta y era producto de una conciencia cooperativa que se había creado en la gente y que, de algún modo, se manifestaba en esa afluencia a estos eventos y a las cajas».


Nueva cara. En 1981 se inauguran mejoras edilicias con un gran acto.

Pero las movilizaciones que mencionaba Gamarnik, junto a otras acciones, fueron parte de la defensa cooperativa ante el ataque a la economía solidaria por parte de las dictaduras de 1966 y 1976. La Caja Económica Popular Argentina fue golpeada duramente en 1966 con el accionar restrictivo que impuso el Banco Central al sector. Posterior a la asunción de Juan Carlos Onganía y hasta principios de la década del 70, CEPA quedo prácticamente disuelta. Sin embargo, se logró encontrar una salida que llegó de la mano de la cooperación entre entidades. «Nos quitaron la posibilidad de trabajar dentro de la reglas del Banco Central y quedamos a la deriva. Ahí es cuando la Sociedad Cooperativa de Créditos del Sud Limitada, de Lanús, se incorpora para el resurgimiento de nuestra caja y la reflotamos. Resurgimos con la proa bastante hacia abajo y, a pesar de ello, pudimos recomponer el ritmo», afirmaba Crippa. En ese resurgimiento resuenan los nombres de David Medina y Martín Aldorino de la Cooperativa del Sud que, junto a Gamarnik y Crippa, llevaron adelante la importante tarea de recomposición. Es en ese contexto donde, tras el difícil cimbronazo de 1966 que obligó a la caja a vender su local para afrontar el desmantelamiento oficial, CEPA asienta sus operatoria en Remedios de Escalada, luego de permanecer un tiempo en Lanús. «Tuvimos que vender para paliar el déficit y devolver el dinero a algunas personas que nos exigieron eso. Luego alquilamos en Lanús, en la calle Lavallol esquina Iberlucea. Posteriormente, tuvimos la suerte de comprar en Escalada», explicaba también Crippa. Y Gamarnik resumía: «Allí crecimos enormemente, tuvimos un boom importante». Ese despliegue se evidenciaba además en la creación de una red cooperativa que, en la zona sur, se fortalecía con otras experiencias como las de Valentín Alsina, Lomas de Zamora o Gerli.

Un rol primordial
Hoy, la herencia de la caja de Remedios de Escalada está presente en la filial que Credicoop tiene en la localidad. Esa transformación se produjo en los últimos años de la década del 70, cuando las cooperativas de crédito, tras la imposición del decreto-ley de Entidades Financieras, se fusionaron en bancos cooperativos. «Llegamos a la conclusión –manifestaba Crippa– de que confiamos en el movimiento y, sobre todas las cosas, en los lineamientos y en la conducción que hizo el IMFC en todo ese proceso, o sea el papel primordial, el papel de guía y orientador. Entonces, con ese soporte pudimos llegar a integrarnos dentro de lo que es el Banco Credicoop». Ese direccionamiento se complementaba con otro factor determinante a la hora de crear el nuevo banco. Era el camino y el quehacer social realizado y legado a los nuevos tiempos por las cajas de crédito: «El banco nació con una ventaja. Se dio la particularidad de que estaban armadas todas las sucursales, porque se hacían sobre las cajas y solo había que armar la estructura superior», evaluaba Gamarnik.
CEPA no solo aportó a la economía popular con sus préstamos a comerciantes, pequeños y medianos industriales y trabajadores de Remedios de Escalada. Como todas las cajas cooperativas, la entidad bonaerense construyó la huella de un modelo económico con marcado interés social: «Como cooperativa no permanecíamos ajenos a los problemas nacionales que creaban incertidumbre en la gente, tratábamos en lo posible de ser una voz escuchada como para poder canalizar esas inquietudes», decía Gamarnik. Se trataba, en síntesis, de un sector económico con rostro humano. «La vida durante el desarrollo de las cooperativas de crédito –concluía Gamarnik– tenía calor humano, la gente estaba identificada con su caja. Era una familia que estaba integrada al trabajo cooperativo».