Mártires riojanos
Washington Uranga

El 4 de agosto de 1976 el obispo católico Enrique Angelelli murió en una ruta riojana en un accidente provocado. En julio de 1986 la Justicia dictaminó que fue un homicidio premeditado y en agosto de 2014 condenó a los militares Luciano Menéndez y Luis Estrella como autores intelectuales del asesinato. La muerte ocurrió cuando el obispo regresaba de los funerales de dos de sus colaboradores: los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longeville, secuestrados, torturados y asesinados el 18 de julio de 1976. El 24 de julio del mismo año, en Chilecito, el militante católico Wenceslao Pedernera, también colaborador del obispo, fue acribillado por un grupo de tareas delante de su familia.
Angelelli fue un predicador de la justicia social y explicaba su estrategia pastoral con una frase hoy popular: «Con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio».
42 años después la Iglesia Católica reconoce como mártires a los cuatro, a través del acto de beatificación, etapa previa a la declaración de santidad. De aquí en más Angelelli y sus compañeros tendrán un lugar en los altares de los templos católicos y serán destinatarios de oraciones por parte de los fieles.
Ahora los obispos argentinos sostienen que «los mártires riojanos son una bendición para la Iglesia en la Argentina». Los contemporáneos de Angelelli, encabezados por el entonces cardenal Raúl Primatesta, en vida le dieron las espaldas y luego se sumaron a la versión de la dictadura que sostenía la tesis del accidente. En minoría y en soledad, los obispos Jaime de Nevares, Jorge Novak y Miguel Hesayne sostuvieron lo contrario.
El 14 de octubre último Francisco reconoció como santo a Oscar Romero, el obispo salvadoreño asesinado por los militares de su país el 24 de marzo de 1980. Ahora es Angelelli y sus compañeros. Los santos populares contemporáneos están ganando espacio en la Iglesia Católica.