Más allá de la Tierra
Astrobiología
El envío de la sonda InSight a Marte se suma a una serie de misiones destinadas a dar respuesta a la gran pregunta sobre la posibilidad de vida en otros planetas. Los descubrimientos de biológos y astrofísicos, contra la fantasía y la ciencia ficción.
María Carolina Stegman

Planicie Elysium. Una imagen del módulo de la NASA muestra la superficie del planeta rojo. (AFP PHOTO/ NASA/JPL-Caltech)

Desde noviembre del año pasado, las miradas de los técnicos y científicos de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) están puestas en Marte. En un nuevo intento por conocer más acerca del denominado planeta rojo, la agencia espacial estadounidense logró que el módulo InSight consiguiera amartizar, luego de recorrer unos 485 millones de kilómetros, para instalar un sismómetro y un sensor térmico y de este modo develar su «interior profundo». Mediante el uso de una excavadora mecánica, se busca perforar hasta unos cinco metros de profundidad y medir la temperatura y los movimientos internos del cuarto planeta del Sistema Solar.
Antes del InSight estuvieron los pioneros Opportunity, Spirit y Curiosity, los vehículos no tripulados que recorrieron y aún recorren en algún caso la superficie de este planeta que desde hace ya muchos años es el candidato favorito para dar respuesta a la gran pregunta que desvela a la comunidad científica y por qué no a gran parte de la humanidad: ¿hay vida en otros planetas? Claro que en el entusiasmo por obtener certezas hay otro interrogante que tal vez se pase por alto: ¿cómo sería esa vida? ¿Parecida a la que conocemos? ¿Es vida inteligente?
La ciencia ficción ha sembrado en el público, durante décadas, fantasías sobre el aspecto de esos seres interplanetarios: desde reptiles, aliens, insectos, hombres grises y con ojos gigantes hasta personas muy similares a los humanos. Pero alejados de esto, los científicos, desde una visión más realista, sostienen que, si se llegara a hallar vida en otros planetas, seguramente no será como la mayoría se la imagina.
«En general, cuando se habla de vida extraterrestre la mayoría de la gente piensa en los seres que se ven en las películas; en realidad, quienes trabajamos en Astrobiología lo que buscamos son formas de vida sencillas, microscópicas, unicelulares, microorganismos, sobre todo si uno mira cómo fue el proceso evolutivo de la vida en la Tierra. Esto no quiere decir que no puedan existir formas de vida más complejas», sostiene Ximena Abrevaya, directora del Núcleo Argentino de Investigación en Astrobiología e investigadora adjunta del Conicet en el Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE).
Para los científicos, que se haya originado la vida en la Tierra fue un hecho «altamente improbable», pero esto no significa que no pueda ocurrir otra vez en algún otro lugar del universo. La vida se dio en la Tierra de una determinada manera, bajo ciertas condiciones, bastante tiempo después del origen del planeta.
«En la Tierra las moléculas de la vida están fundamentadas sobre la química del carbono; puede ser que otro tipo de elemento sea el sustento o el sustrato de la vida en otros planetas. Pensar la vida de una única manera es quizás una visión limitada, podrían ocurrir otras cosas. Hay que considerar además la importancia de eventos azarosos, porque el origen de la vida es altamente improbable, nosotros estamos viendo como biólogos, retrospectivamente, lo que pasó hace miles de millones de años y tratamos de descifrarlo», señala en diálogo con Acción Esteban Hasson, investigador superior del Conicet, biólogo y profesor titular de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.
Para tomar dimensión de la importancia que está cobrando la Astrobiología, un área de la ciencia en donde confluyen la astrofísica, la biología, la química, la geología e incluso la filosofía para estudiar el origen, la distribución y la evolución de la vida en el universo, recientemente un comité de investigadores integrantes de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (NASEM) de los Estados Unidos recomendó que todas las misiones de la NASA incluyan esta visión multidisciplinaria para buscar vida extraterrestre.
Esto cobra mayor relevancia si se toma en cuenta que en los últimos años los astrofísicos descubrieron miles de exoplanetas, es decir, planetas que se encuentran por fuera del Sistema Solar y que orbitan alrededor de una estrella distinta al Sol, y mucho más fría.
«Fuera del Sistema Solar está todo por descubrirse, podría haber desde organismos monocelulares, bacterias, hasta vida más compleja. Lo que ocurre es que nunca vamos a poder ir a un planeta orbitando otra estrella a ver qué pasa, la estrella más cercana está a unos cinco años luz, esta estrella se llama Próxima Centauri y tiene un planeta, si pudiéramos viajar a una décima parte de la velocidad de la luz tardaríamos 42 años en ir y otros 42 en volver, una sonda lo mismo. Tampoco nos podría mandar la información por radio porque tardaría cuatro años en llegar, es complicado. Lo que podemos hacer es tratar de ver si hay indicios de que en alguno de estos planetas se ha desarrollado la vida, estudiando la atmósfera del planeta, por ejemplo», explica Pablo Mauas, director del Grupo de Investigación en Física Estelar y Planetaria y Astrobiologia del IAFE.

Biomarcadores
Una de las maneras de detectar vida extraterrestre es mediante el uso de sensores. Abrevaya trabajó, precisamente, en el desarrollo de estos instrumentos. «Los sensores funcionan como si fueran una batería, una pila, y miden la transferencia de electrones, tienen que ver con detectar vida in situ, esto quiere decir que necesitamos llevar un instrumento al planeta y hacer una medición directa. El método que nosotros desarrollamos se basa en la detección del metabolismo. Lo que hacen los sensores es detectar procesos electroquímicos que se dan en el metabolismo, procesos que se pueden medir como si se midiese una corriente eléctrica, además se pueden cuantificar, es decir, se puede saber qué cantidad de electricidad se está produciendo y compararlo con una muestra en donde no hay vida», explica la científica.
Estos sensores permitirían así discriminar si hay algún tipo de vida que sea metabólicamente activa.
«Creo que debe haber vida en otro lugar, no necesariamente inteligencia, imagino que la vamos a detectar en algún momento, probablemente en los próximos 30 o 40 años, salvo que el día de mañana una sonda en Marte de milagro encuentre algo. En lo que no creo de ninguna manera es en las teorías respecto de los OVNIS. Los viajes interestelares, si alguna vez se desarrollan, van a ser muy complicados, requieren una enorme cantidad de energía y costos impresionantes. Muchas veces la gente cree que ve algo, pueden ser efectos ópticos, globos aerostáticos, hay muchos motivos por los cuales pueden producirse ciertas cosas, creo que es un comercio en muchos casos, algún intendente que decidió que podía inventar algo así para levantar el turismo», ironizó Mauas.
Un poco más ilusionado, Hasson deja la puerta abierta al sostener que «pueden existir formas de vida que se originaron independientemente de la vida tal y como se la conoce en la Tierra. Hay mucha fantasía, ciencia ficción y miedo a lo desconocido, es verdad, igual no sería la primera vez que el arte se adelanta a la ciencia».