Me quiere, no me quiere
En el bar
Rudy

(Hugo Horita)


Tarde de pandemia, tardecita de cuarentena. Rebequita, una mujer inolvidable, y Tobías, el hombre que sabía demasiado poco.
–¡Tobías, vos a mí no me querés!
–Pero Rebequita, mi rosa blanca en julio como en enero, ¿por qué decís eso?
–¿Ves que no me querés, Tobías de mi aislamiento de género femenino y número singular? ¡Si me quisieras, sabrías por qué no me querés!
–¡No te entiendo, Rebequita de mis sentimientos zurcidos, ¿cómo que «si te quiero» sabría por qué «no te quiero»?
–Ay Tobías, parecés un periodista de esos de la tele explicando cómo hacer para que parezca que estamos mejor pero que actuemos como si estuviéramos peor. No apeles a mi responsablidad social. Vos ni me querés ni me entendés. ¡Let me be, déjame ser!
–Rebequita, no te capto.
–Y seguimos empeorando todo… no me querés, ni me entendés, ni me captás. ¡Ahora me vas a decir que tampoco me vas a llevar a comer afuera, porque está todo cerrado!
–¡Y… sí!
–¿Ves que sos un cenófobo, que no me lleva a cenar? Que está todo cerrado, que la calle está envirusada, que hay objetos acreedores no identificados... Cualquier excusa te viene bien. Pero, ¡sos un antirrebequita! Seguro que mañana sacás una cacerola y empezás a golpear diciendo que yo soy un complot del nuevo desorden mundial, que te estoy sometiendo a una «inflectadura de testículos», que tenemos que volver a la fase uno de nuestra relación, que solamente me querés para contacto estrecho. Mira Tobías, decí que estamos a varios metros, que si no, te daba un hisopapo.
–Pero Rebequita, ¿qué virus te trasmitió su aerreene? Soy yo, Tobías, el mismo de siempre.
–Ah, ¿sí?
–Sí, Rebequita. Yo soy aquel, que por tenerte da la vida, yo soy aquel, que estando lejos no te olvida, el que te espera, el que te sueña, aquel que reza cada noche por tu amor...
–¡Ay, Raphael!
–¡Rebequita! ¡Soy Tobías!
–Sí, pero estabas cantando una canción de Raphael. ¿Ves? Él sí sabe cómo decirle a una mujer que la quiere. Vos, en cambio, seguís en tu aislamiento social masculino domiciliario.
–Es por la pandemia, Rebequita.
–¡No le echés la culpa a otra mujer!
–¡La pandemia no es una mujer, Rebequita!
–No seas mesozoico, Tobías, eso lo decide ella, si se siente mujer, es mujer, y vos no tenés nada que decir.
Y ahí fue donde Tobías se dio cuenta de que ella tenía razón. Él no tenía nada que decir. O mejor dicho, no tenía que decir nada. Silencio en la noche, y todo estuvo en calma.


RS positivo: https://www.youtube.com/channel/UCDNCsi1ul0PLxlo4JxZnBcA