Mi música es para esta gente
Daniel Moyano - Caballo Negro Editora - 638 páginas

Pasada la crisis de 2001, una vertiente de la literatura argentina apuntó su mirada a la realidad, no como género sino como el inevitable suelo político desde donde se escribe. En esta misma línea, hubo un auge de reediciones que alcanzó a Kordon, Costantini, Urondo, Conti y Briante, entre otros autores que tuvieron lugar en la mesa de luz de pibes que no habían nacido cuando ellos murieron. Entre los escritores «rescatados» también figura Daniel Moyano. La editorial Caballo Negro publica sus cuentos completos, un libro necesario que le vuelve a dar el lugar que se merece en la literatura argentina. Sus cuentos –en especial los que están incluidos en Artistas de variedades, La lombriz y El fuego interrumpido, escritos en el período 1960-1967– están atravesados por una vena en común: la pobreza material de sus personajes y la zanahoria de la movilidad social ascendente que los hace accionar, sea como mito o como realidad. Moyano fue uno de los escritores locales menos leídos en los 60 y 70. Su literatura era más próxima a Kafka y Pavese que a las radiaciones del «boom». Al no poder encasillarlo ni como regionalista ni como experimental por la crítica, quedó flotando en el limbo de la indiferencia. Preso en 1976 por la dictadura, se exilió en España apenas fue liberado. La distancia y el trauma de la experiencia lo alejaron durante años de la escritura, profundizando así el surco de la apatía con los lectores. Borges decía que «los escritores argentinos son olvidables». Moyano es un ejemplo de que Borges era humano y también la pifiaba. En todo caso, si hay épocas en las que ciertos autores son ignorados, nada es definitivo: una obra valiosa siempre puede suscitar nuevas lecturas.

Damián Huergo