Moscú feliz
Andréi Platónov - Tusquets - 172 páginas

Al leer las ya clásicas contratapas de los viernes que escribe Juan Forn en Página/12, queda la sensación, la duda, la sospecha de si los protagonistas existen o no. Rusos, serbios, croatas, húngaros, con apellidos difíciles de pronunciar, cargados de un anonimato hidalgo. Incluso uno, lector errático y poco memorioso, se pregunta si la Colección rara avis que Forn curó para Tusquets, con las obras de algunos de los protagonistas de sus «covers literarios», como él mismo los llamó, no serán un invento suyo, gestados desde Villa Gesell mientras mira el mar con una sonrisa borgeana. Este año llegó a las librerías Moscú feliz de Andréi Platónov. En el prólogo, Forn cuenta que la novela fue escrita en el primer tramo de la Revolución Rusa, por un hijo de obreros ferroviarios que murió en la pobreza absoluta en 1951. También dice que se salvó de ir a Siberia porque Gorki convenció a Stalin de que Platónov aspiraba a ser un buen «escritor sovietico». Y que cayó en desgracia luego de publicarla. La historia gira alrededor de una paracaidista de piernas largas y pelo rubio estival, que desciende desde el cielo de Moscú con un cigarrillo en la boca. La chica es Moscú Chestnova, criada en orfanatos, que en la adolescencia descubre una vocación de libertad y lealtad a la revolución que no explotan al tocarse. Amada por ingenieros y médicos soviéticos de la patria industrial y energética. Huérfana de familia, pero no de país y de proyecto. Platónov escribe sobre ella y lo que Moscú Chestnova va sacudiendo a su paso: el personaje se vuelve argumento, desarrollo y estilo. Moscú feliz es una novela rusa sobre una mujer que, en días de incertidumbre y encierro, nos cae del cielo.

Damián Huergo