Mujeres
Santiago Varela


(Pablo Blasberg)

Como todos saben, las mujeres salieron con los tapones de punta a defender sus derechos y a reclamar igualdad con los machirulos irredentos que pretenden ser los reyes del universo.
Pero esta lucha no es nueva, es vieja, aunque no se la conozca tanto. Hoy haré un homenaje a la primera feminista de la historia. Su  nombre es Lilith y fue ni más ni menos que la primera compañera de Adán, antes que la mismísima Eva.
En el comienzo, Yahveh, usando barro, hizo a la primera pareja y los ubicó en el Paraíso. Lilith y Adán vivieron juntos, pero ella tenía su carácter y pretendía que existiera una verdadera igualdad entre ellos. El detonante vino por la actividad sexual de la pareja, información que nos llega por antiguos textos talmúdicos. Parece ser que Adán era bastante conservador y le exigía que se mantuviera siempre acostada abajo, y él, siempre arriba. A Lilith esto no le gustaba nada y se enojaba bastante argumentando que no debía acostarse siempre debajo de él porque: «Yo también fui hecha con barro y, por consiguiente, soy tu igual». Adán, hombre de mal carácter, quiso obligarla a obedecer por la fuerza, pero Lilith, ya harta, pronunció el nombre mágico de Dios, y merced a este conjuro le crecieron alas y se fue, literalmente, volando, dejando plantado a Adán con todo su paraíso de morondanga. Recalquemos: a ella no la echaron del paraíso, sino que se fue por propia voluntad.
Dicen que después la vieron revolotear por las cercanías del Mar Rojo, lugar que, como todos saben, suele estar poblado por demonios lascivos. Dios, amigable componedor, le envió unos ángeles para que volviera con Adán, pero ella, firme, se negó.
La actitud independiente de Lilith trajo como consecuencia que fuera duramente sancionada por las religiones machistas, que hicieron de ella el prototipo del demonio mismo.  
Yahveh, empecinado, tal vez ya algo molesto, decidió probar otra vez. Para trabajar tranquilo y que Adán no jodiera, lo durmió y, durante el sueño, le sacó una costilla con la que hizo la Eva que todos conocemos. Luego lo despertó y se la mostró, con la expresa consigna de que, si le gustaba, bien, y si no, que se fuera a llorar a la sinagoga, porque no pensaba hacerle otra.
Adán la aceptó y así apareció Eva, de la costilla del hombre, mujer bastante más sumisa que Lilith y a quien después se le echarían todas las culpas. A Lilith, la feminista, la historia intentó olvidarla. Pero como en tantas otras cosas de las mujeres, no tuvo suerte.