«No tuvo un accidente, lo mataron»
Cristina Castro
Se puso al frente de la búsqueda de su hijo, reclamó, pidió, exigió y logró encontrar el cuerpo de Facundo. Soportó todo tipo de presiones y ahora dice que no va a parar hasta que se sepa cómo murió y quiénes son los responsables. El testimonio de una madre que no se rinde.
Adriana Meyer - Fotos: Guido Piotrkowski

Entró en la habitación del hotel cercano al Obelisco, y al mirar por la ventana sintió que la imagen gigante de Evita sobre el Ministerio de Obras Públicas era una señal. «Facu era peronista, de Boca y peronista», dice Cristina Castro y eso explica la cantidad de fotos de su hijo con los dedos en V. Pasó por Buenos Aires, estuvo con el presidente, el gobernador y hasta con el procurador general, y la causa por la desaparición y muerte de su hijo cobró impulso. Al volver a Pedro Luro tuvo que permanecer encerrada en cuarentena, por la pandemia.
«Nos tienen aislados, pero no callados», dice con su tono sereno en diálogo con Acción. «La primera etapa está cumplida, encontré a Facu, ahora voy por los culpables para que vayan todos presos», resume esta mujer de 42 años, empleada de una estación de servicio y madre sola, sobre la nueva etapa de esta historia. El país habló de ellos, en esta charla Cristina abre su mundo y el de Facundo, haciendo pausas. Su voz es triste pero firme.
–¿Cómo era su vida y la de su familia antes de todo esto?
–Los Castro teníamos una vida tranquila, los tres chicos, mi hermano, mi viejo y yo. Nos juntábamos todos los fines de semana con mis sobrinos a comer asado y jugar a las cartas, somos los oscuritos. A veces íbamos a la cancha a ver a Villa Obrera, cuando yo tenía fin de semana libre Facu venía desde Bahía. Somos personas tranquilas, Alejandro trabaja de lunes a sábado, Lautaro estaba preparándose para ingresar al Ejército, pero le dijeron que probara el año que viene porque no estaba psicológicamente capacitado para alejarse de la familia. No me pareció justo, pero Lauti lo tomó bien. Tengo dos nietas hermosas, cuando los chicos se fueron a hacer sus vidas pensé que iba a poder dedicarme enteramente a ellas. Pero vino la vida y me dio un sopapo. Somos todos laburantes, mi rutina siempre fue la casa, el trabajo, ir a zumba, juntadas con amigas. Esto ha desmoronado todo, mis hijos y yo nos dedicamos completamente a la búsqueda de Facu. Me perdí los primeros pasos de mi nieta. Pero ganamos cosas como saber que no estamos solos. No me acostumbro a ver la cara de Facu en una remera, cada día abro mi ventana y espero que llegue.
–¿Cómo era la militancia de Facundo en Semillero Cultural?
–Tenía que ir a buscarlo porque pasaba horas ahí, estuvo desde los 12, también en Jóvenes y Memoria, y además de eso y la batucada jugaba al fútbol, al voley, hacía hockey con las pibas, su día necesitaba 48 horas. Cuando descuidaba el estudio aparecía yo.
–¿Eran los pibes de la estación?
–Más bien les decían los negros de la vía, la mirada del pueblo, no había que ir ahí. Pero igual se acercaban chicos de todas las razas y de todos los colores, aunque los cuestionaban... ¡Cómo gente de la clase alta iba a ir ahí! A ellos la policía no los molestaba, sabían a quién buscaban y a quién no. Cuando estaban en la canchita que ellos mismos construyeron les cruzaban el patrullero, los cagaban a patadas en el culo y les decían negros drogones. Un día les destrozaron la quinta que habían plantado, les pasó la camioneta policial por arriba. Cuando cambió el Gobierno los echaron, les tiraron los libros de su biblioteca. Siempre estaba lleno de chicos el lugar, pero ese día los coordinadores los sacaron para que no sufran más de lo que ya habían sufrido. Acá en Villarino solo tenemos a la Bonaerense, no hay adónde denunciar, nadie te escucha. Y menos a los negritos de atrás de la vía. En uno de los procedimientos de búsqueda de Facu reconocí al mismo Diablo en persona, el mismo policía que venía a golpearlos.
–¿Se imaginó alguna vez su cotidianidad entre expedientes, peritajes y juzgados?
–Jamás lo imaginé, no me lo esperaba y no me la merezco. No sabía de leyes, yo leo mucho pero he tenido que leer mucho más, leo todo lo que se hace. Cuando dijeron que yo estaba guionada por los abogados respondí que me estaban tratando de estúpida e ignorante, me dio mucha impotencia. Creen que porque trabajo en una estación de servicio nos van a llevar de las narices, no es así. Somos personas pensantes y coherentes, estoy acostumbrada a tratar desde famosos hasta con el que pide las sobras, desde el presidente hasta esa persona son todos señores que merecen el mismo respeto. Donde trabajo hay docentes, estudiantes de psicología, no somos negritas que nos sacaron al paso, hacemos los cursos cada mes para estar atendiendo allí, por Zoom o por Skype. Una periodista me preguntó si en Pedro Luro teníamos wi-fi, le dije «mire, no vivimos en las cuevas».

–Facundo venía de romper su noviazgo en febrero, estuvo feliz al volver al pueblo porque trabajaba con su amigo en una cervecería, pero se bajoneó un poco porque el local cerró a partir de la pandemia. El 30 de abril, ¿se fue enojado a la ruta?
–Nunca estuvo enojado, discutíamos mucho pero no es una persona de enojarse, igual que yo. Estaba inquieto porque quería volver a Bahía y esas eran nuestras discusiones. Yo hablaba y me decía «mamá, no te metas» o «bruja, dejame, soy grande». Quería tomar sus propias decisiones, y yo me quedé con eso.
–¿Cómo fueron sus últimas horas?
–Estuvo en casa de su amigo Daniel hasta tarde, pasó por lo de su abuelo y también por casa, tenía cosas desparramadas por todos lados, siempre fueron muy libres mis hijos. Cuando estaba estudiando en Bahía Blanca tenía cosas en casa de mi papá, desde que falleció mi mamá el Tata quedó solito. Nosotros no teníamos gas natural, el Tata sí, así que se iba a bañar allá. El 30 de abril pasó por casa y dejó un bolso con ropa sucia, yo enojada dije que no se la iba a lavar y por eso tuvimos muestras para las tomas de olor del perro de Marcos y los policías que vinieron para el rastrillaje. Ocho pares de zapatillas me dejó, pero a la ruta salió con su mochila Wilson.
–¿La sandía de madera era su amuleto de la suerte?
–Sí, siempre la tenía al lado de una cajita de metal, que es un tarjetero que le habíamos regalado, tenía sus documentos, esa sandía y un crucifijo luminoso.
–¿Qué cree que le pasó?
–En lugar de traerlo para Luro los policías le dijeron «volvete a tu casa», él no se volvió y ahí lo desaparecieron. Han tenido órdenes del Diablo (N. d. R.: se trata de uno de los policías sospechados en la causa), conozco su forma de pensar, pasan los años y en un asado se jactó de haber apaleado a uno que tres años atrás no había podido agarrar. Como no lo pudo involucrar en alguna causa lo agarró solo y lo llevó a la comisaría con alguna razón, y lo mataron a palos ahí. Le dieron una paliza importante, era su forma de vengarse.
–¿Se refiere a Facundo?
–No, a otros pibes más. Así de nefastos y crueles son. Pero yo tampoco olvido, el tiempo nos va a dar revancha y vamos a verlos a todos presos.
–¿Cómo fue la búsqueda en las primeras semanas?
–Nos han hecho de todo, nos amenazaron, nos hablaron a los gritos y con insultos. Un subcomisario me dijo «Señora, fíjese lo que anda diciendo, me importa un sorete lo que pongan en las redes, usted le está dando con un palo a la Policía». Desde eso hasta un intendente que mandó gente de su bloque a decir que Facu estaba involucrado en el narcotráfico, querían sembrar eso, pero todos nos conocen así que se echó un Villarino entero en contra, porque estaba mintiendo. Cuando logre justicia por Facu iré en contra de todos ellos. Un intendente que nunca estuvo presente, apenas mandó un mensaje de WhatsApp, y después salió a defender a capa y espada a estos asesinos. Algo raro habrá detrás de todo esto que no quieren que le toquen a ninguno de sus soldaditos de la Bonaerense, pero esas cosas raras son de la intendencia de Villarino, no nuestra.
–El 18 de junio cuando le cruzaron los patrulleros para impedir un rastrillaje usted sintió que algo malo le había pasado a su hijo a manos de los policías. ¿Fue ese el peor momento?
–El peor de todos fue cuando dieron vuelta el cuerpo, y yo veía a Facu, eran sus huesos y lo reconocí en el momento, conozco cada una de las facciones de su cara. Es el único de mis hijos que aún con 22 años me dejaba agarrarlo y tocarle el rostro, siempre fue cariñoso. Mi amiga Virginia me preguntaba cómo supe, y le dije que conozco cada uno de los huesitos de mi flaco. No me dejaron tocarlo, pero sabía que era él, sentía que era él. Ese fue el momento más doloroso. Virginia me dijo que ese día cambié, que mi mirada se volvió triste. Siempre lo dije, cuando todos me decían que estaba escondido en Bahía Blanca, toda esa gente tratando de hacerme pensar que estaba escondido en alguna parte pero yo sentía dentro de mí que él ya no estaba con vida. Me criticaron por no pedir que apareciera con vida, pedí que apareciera esté como esté, porque es nuestro, es mío. Y así fue.

–¿Qué pasó luego del hallazgo y de la confirmación de la identificación?
–Tuve que ver cómo el señor Berni y algunos periodistas de Buenos Aires querían implementar la idea de un accidente. Que se saquen la gorra, si una persona te dice buen día y la otra te dice que está lloviendo, ¿qué harían esos periodistas? No harían lo lógico, abrir la puerta y fijarse si llueve. Esta gente no tiene lógica. Seguían diciendo que Facu se suicidó. Entonces salí a decir que eso no era cierto, no tuvo un accidente, lo mataron.
–¿La clave es un diente traumatizado que indicaría golpes?
–Facu murió por asfixia, hubo terceros en su muerte. Ahora pudimos sacar todo de manos de los policías de Bahía Blanca. La persona que hizo el informe de la empresa Claro es hermano de un jefe de policía, mandamos a hacer todo de nuevo. Muchas personas intentaron ocultar ubicando a Facu en otros lugares. En la comisaría que se allanó en Bahía Blanca trabaja gente de Mayor Buratovich. A esa ciudad ya llegó sin vida. La señal de su teléfono está cerca de donde encontraron el cuerpo. Lo cargaron en algún móvil policial, ¿dónde va a enchufar el teléfono en el cangrejal?
–¿Qué opina de los recientes reclamos de policías bonaerenses?
–Mirá, más policía en la calle es más represión a la gente. No estoy de acuerdo con eso. Sé que no todos son malos y que cobran miseria, pero esas mismas personas que reclamaron ahora, en marzo estaban agrediendo a la gente de salud que pedía mejores sueldos. Todos los argentinos tenemos derecho a un salario digno, pero ellos cuando alguien reclama dan patadas y palazos. Es nefasto que vayan con armas y patrulleros a reclamar, eso es de nosotros, de la sociedad. Que vayan en sus autos particulares, las armas se las provee el Gobierno. Nosotros no pagamos el combustible para que ellos usen los patrulleros en esa protesta. Dijeron que a veces tienen que pagar ellos, no es así. Trabajo en una estación de servicio y sé perfectamente los chanchullos que hacen para cargar combustible en sus vehículos particulares y no en los móviles.
–¿Cambió algo en la causa luego de su viaje a Buenos Aires?
–Sí, cambió todo. No nos escuchaban, ahora tuvimos respuestas. Tenemos nuevas pruebas, y pudimos poner los peritajes en otras manos. Aparecen elementos nuevos, por ejemplo, que la policía Flores tenía una captura de pantalla del 1º de mayo de mi Facebook, cuando no la conozco, no tengo trato con ella.
–¿Las nuevas pruebas respaldan a los tres testigos que declararon haber visto a Facundo cuando lo subían a un patrullero?
–Exacto. Lo mataron pocos, pero encubrieron muchos. Y voy por todos, son todos desaparecedores.
–¿Cuáles son sus apoyos materiales y espirituales en este momento?
–Tengo a mi psicóloga, tengo mi fe, mi padre que está todo el tiempo al lado mío. Mi equipo tiene sus gladiadores, Luciano (Peretto) y Leandro (Aparicio), que no descansan. Margarita Jarque es la abogada de Facu, una persona hermosa. Vamos sumando gente, peritos, somos gladiadores en contra de un sistema corrupto. Soy católica, mi papá es adventista, y mi nuera y mi hijo son evangelistas, una familia rara con diferentes religiones pero nos respetamos. Para el velorio de Facu vino el obispo, y también participaron los otros dos pastores. Hay mamás que me dicen que no tienen fuerzas, está perfecto quebrarse, llorar y zapatear pero nunca dejen de buscar, les digo. Aparecieron más restos donde encontramos a Facu, alguien que seguramente tiene una familia. Ojalá que esos restos encuentren su familia y puedan descansar en paz. Parece que a Bahía Blanca no le importa eso, no van a seguir buscando si hay más, como si hubiera que callarlo. Es horroroso.