Nuevamente la preocupación por la deuda externa
Carlos Heller
El reloj de la deuda externa otra vez está funcionando. Es la tercera vez en la historia reciente que un gobierno se endeuda a pasos agigantados. La primera vez fue durante la última dictadura, la segunda, durante el gobierno menemista (extendiendo a esta etapa los ruinosos canjes de la Alianza). Si bien resulta altamente preocupante, no es llamativo: los tres gobiernos comparten una característica básica: la aplicación de las doctrinas económicas neoliberales.
La deuda externa siempre ha sido, y lo sigue siendo, un instrumento de dependencia para los países que la toman. Si existiera alguna duda de tal proposición, está, entre otros, el ejemplo actual de Grecia: vive de ajuste en ajuste y no logra reducir el peso de su deuda.
En la Argentina aún estamos por debajo de los niveles críticos de los países europeos, debido a que este gobierno heredó un nivel de deuda externa muy bajo, gracias a las políticas de desendeudamiento de los gobiernos anteriores, lo que los actuales funcionarios denominan malintencionadamente «pesada herencia». Pero lo preocupante es la liviandad con la que se endeuda el gobierno nacional.

Intereses comunes
Lo cierto es que hasta el momento, la deuda total tomada y la ya aprobada por el gobierno macrista alcanza a los 95.000 millones de dólares. Durante los primeros quince meses de su gestión, la Argentina fue el país emergente que más se endeudó en moneda dura, duplicando al segundo en la lista, Arabia Saudita. Uno de sus destinos más obscenos fue el pago a los fondos buitre, permitiéndoles obtener extraordinarias ganancias que no tienen parangón en la historia financiera reciente. Dicho pago se obtuvo gracias al voto positivo de una parte importante de la oposición (la «opo amiga» la llamo yo), actitud que revela que comparten intereses comunes con el actual gobierno. Pero además, el pago a los buitres se propuso como «condición necesaria» para el ingreso de inversiones externas y la reducción de la tasa de interés «para poder endeudarse mejor». No obstante, las inversiones no llegaron (solo a cuentagotas) y las tasas de interés pagadas siguen siendo altas en relación con otros países sudamericanos.
Esta decisión de pagar altas tasas también alcanza a otros organismos del Estado. Si bien no es estrictamente deuda pública, el fuerte crecimiento de las letras del BCRA en pesos (Lebac) que se produjo con este gobierno (su monto se triplicó) también preocupa. El BCRA ha mantenido altas las tasas que paga por estas letras, y con un tipo de cambio aletargado, permite obtener enormes ganancias en moneda dura. De allí que se lo ha definido como la nueva «bicicleta financiera».
Otro de los destinos que le otorga el gobierno de Cambiemos a la deuda externa es sostener el déficit fiscal, es decir, endeudarse para gastar, lo que todos los manuales recomiendan no hacer. En este aspecto, existe otra arriesgada política por parte del oficialismo. Recortar los recursos a las provincias y presentarles el endeudamiento externo como una solución. Muchas provincias han salido directamente a buscar fondos en el extranjero, a tasas en divisas altísimas, aun antes de probar si conseguían financiamiento en pesos en el país. Este endeudamiento provincial, que llega a los 10.000 millones de dólares en la actualidad (liderado por la Provincia de Buenos Aires), podría llevar a los fiscos provinciales a la ruina, ante una depreciación del tipo de cambio.

Pérdida de soberanía
Estamos llegando a otro de los grandes problemas del creciente endeudamiento: los pagos por intereses que se acumulan mes a mes. En los cuatro primeros meses de 2017, los pagos por intereses de la deuda aumentaron un 140% respecto a igual período del año anterior. Los funcionarios conocen que este ítem seguirá creciendo, de allí que han puesto metas de déficit fiscal primario para este año y los venideros.
El déficit fiscal primario no incluye los pagos por intereses de deuda, como si fuera una erogación inobjetable. Pero estos pagos reducen los recursos para otros destinos, como educación o salud. Es una medición que instaló el FMI, dando a entender que no habría que preocuparse por los intereses ya que estos serían financiados con más endeudamiento. Este fue uno de los principales mecanismos por los cuales se disparó la deuda externa en los 90 y entre 2000 y 2001.
La adscripción neoliberal del gobierno de Macri seguirá endeudando al Estado, y al final de cuentas, los sectores especulativos serán siempre los beneficiarios de este proceso, le vaya bien o mal a la economía del país. De a poco, con cada nueva emisión de deuda externa se pierde una porción más de soberanía.