Números rojos
Refrigeración
Caída de ventas, menos financiamiento y apertura importadora paralizaron a la industria del «frío/calor» en el país. Los incrementos en las tarifas del servicio eléctrico se suman a la ecuación que arroja abultados resultados negativos.
Cristian Carrillo

Heladeras. La producción cayó un 50%, en sintonía con la merma en las ventas. (JORGE ALOY)

Ni en 2001 nos pasó», reconoce Roberto Lenzi, cara visible de la firma Briket, pyme histórica del rubro de la refrigeración y presidente de la Cámara Argentina de Industria de Refrigeración y Aire Acondicionado (CAIRAA). La caída de la actividad en la construcción, la pérdida de empleo, los tarifazos de la energía eléctrica y una recesión económica que no encuentra pronta salida, anestesiando proyectos de inversión, explican el desplome de la actividad de calefacción y refrigeración en hogares y establecimientos industriales. El Gobierno pretende apuntalar las ventas del sector revitalizando el programa Ahora 12 que creó la administración anterior, pero ahora con altas tasas de interés.
Briket, la pyme rosarina que ensambla heladeras, tuvo este año que eliminar un turno en plena temporada alta de verano. «Ni la época de más ventas para el rubro trajo algo de alivio», asegura Lenzi. La producción en la industria del frío (heladeras y freezers) cayó un 50% en sintonía con una merma de ventas que se profundiza, según cifras de CAIRAA. La apertura de las importaciones, tras la llegada de Mauricio Macri en 2015, puso en jaque a la industria de la refrigeración. También, la caída de la actividad económica y, principalmente, del sector de la construcción, de la cual depende la industria de refrigeración y calefacción. El aumento de las tasas de interés fue otro factor desestabilizante para esta industria.

En picada
En 2016 hubo una caída del 20% en las ventas, con una leve recuperación en el final de ese año. En 2017 las ventas se estabilizaron en 900.000 unidades de frío, pese a que se llegaron a comercializar 1,2 millones de unidades. Estos récords coincidieron con buenos registros en la actividad de la construcción. En el segundo semestre del año pasado, luego de la corrida cambiaria y la apreciación del dólar, el consumo de estas unidades se retrajo entre un 30% y un 35%, según el segmento de producto al público –incluyendo heladeras, freezers y exhibidoras– y de un 40% a un 45%, en mercadería salida de fábrica, informó la Asociación de Fábricas Argentinas de Terminales de Electrónica (Afarte-Industria Electrónica de Tierra del Fuego).
En el caso de la suba de las tasas de interés, el problema del sector se centra en el alto costo para descontar cheques o conseguir líneas para capital de trabajo. «Vivimos de un capital de trabajo financiado por los bancos. La cadena productiva termina con cobros a 120 días o 150. Ese diferencial se financia con créditos», explicó el titular de CAIRAA.
Y el último elemento que retrajo la actividad está relacionado con los fuertes incrementos en las tarifas de servicios públicos. La política de quita acelerada de subsidios derivó en un alza importante de las facturas, en un contexto de inflación generalizada y caída del empleo. Desde que asumió Cambiemos, el costo de la energía eléctrica se disparó un 2.673%. Esto impacta directamente en la compra por parte de los hogares para la renovación de artefactos de frío/calor o línea blanca. Pero también es parte de la ecuación de gastos de un proyecto inmobiliario, desde el pozo o en su refacción/ampliación. Este círculo se retroalimenta, debido a la alta dependencia de esta industria del desempeño de la actividad de la construcción, que no detiene su caída. El INDEC informó que esta actividad registró en febrero pasado una baja del 5,3% respecto a igual mes del año anterior y para el promedio del acumulado del primer bimestre de 2019, una baja del 10,7% con respecto a igual período de 2018.