Nunca, casi nunca, a veces, siempre
Eliza Hittman

Atención a este nombre: Eliza Hittman es una cineasta neoyorquina, tiene 40 años y ya dirigió tres muy buenas películas. Su debut, It Felt Like Love, fue estrenado en el festival de Sundance de 2013 y se puede ver en la plataforma MUBI. El segundo, Beach Rats, está disponible en Netflix. Y ahora Flow y Apple TV acaban de incorporar a su catálogo la más reciente Nunca, casi nunca, a veces, siempre, también presentada en Sundance y ganadora del Gran Premio del Jurado. Todas se ocupan de la sexualidad de los jóvenes, pero aquí el foco está puesto en un tema de candente actualidad: el embarazo no deseado y la posibilidad de interrumpirlo con un aborto legal y seguro. El film aborda la cuestión con una gran sensibilidad, sin golpes bajos. La protagonista es una chica que trabaja como cajera en un supermercado de Pennsylvania, que debe escapar del ambiente conservador en el que vive para poder decidir con libertad sobre su propio cuerpo. Viaja entonces a Nueva York, con la plata justa, el temor y la angustia lógicos y el apoyo inestimable de su prima. El choque con esa gran urbe muchas veces fría y despersonalizada es impactante, pero es amortiguado por la calidez de una amistad que Sidney Flanigan y Talia Ryder construyen con una convicción admirable. Retrato de los obstáculos –trabas burocráticas y económicas, indiferencia y abuso institucionalizados, hombres depredadores– y el dolor psicológico que una adolescente debe afrontar para interrumpir su embarazo, la ficción dirigida por Hittman es apasionada pero sobria, y tan políticamente militante como alejada del miserabilismo o el afán didáctico. En realidad, su portentosa fuerza dramática se basa en la sutileza y la contención de su mirada. Y en todo momento, pese a observar situaciones inequívocamente sombrías, se muestra llena de ternura y hasta de esperanza; al fin y al cabo, ante todo es una celebración de la empatía y la sororidad entre mujeres que tratan de abrirse paso en un mundo que las trata con indolencia y hostilidad.

Alejandro Lingenti