Nutrientes esenciales
Alimentación, embarazo y salud
El aumento del número de nacimientos de niños con compromiso neurológico a causa del déficit de vitamina B12 encendió señales de alarma sobre los riesgos de las dietas veganas y vegetarianas. La opinión de los pediatras responsables del hallazgo.
María Carolina Stegman

Hábitos. Las mujeres que no comen carne pueden remplazarla con suplementos vitamínicos. (Shutterstock)

En los últimos años las dietas vegetarianas y veganas cobraron gran popularidad. En parte, el fenómeno obedece a la difusión de modos de vida considerados más naturales. Pero también se vincula con el creciente impulso ganado por un movimiento que condena el maltrato a los animales y su consumo para la alimentación y experimentación. No obstante, no muchas veces se advierte la necesidad de que este hábito sea controlado por un nutricionista debido al potencial peligro que implica no recibir todos los nutrientes necesarios para la vida.
Recientemente, médicos del Hospital de Pediatría Prof. Dr. Juan P. Garrahan publicaron una investigación donde se señala el aumento de nacimientos de niños con compromiso neurológico grave por déficit de vitamina B12 –presente en la carne, leche, pescado, legumbres y huevos, entre otros alimentos– cuyas madres eran veganas o vegetarianas.
De acuerdo con el estudio, entre 2016 y 2018, siete niños tuvieron diagnóstico de déficit de B12. Todos consultaron por síntomas neurológicos graves: apneas centrales, convulsiones, hipotonía, pérdida de conexión con el medio y de pautas madurativas.


Un cuadro reversible
«A medida que un chico va creciendo, va adquiriendo pautas que son estimativas para la edad, por ejemplo, a los dos meses tienen que sostener la cabeza, tener sonrisa social, llevarse las manos a la boca, sentarse. Lo que vimos es que los papás consultaban preocupados por pérdida de estas pautas madurativas. En el hospital, junto con el servicio de Nutrición y Neurología, lo que se hizo, además de los exámenes, fue preguntar sobre costumbres y hábitos de las madres de esos niños y lo que vimos fue que en la mayoría de los casos las mamás, por una cuestión cultural o de moda, habían adquirido hábitos vegetarianos y veganos, es decir, la fuente de vitamina B12 no había estado presente en ningún momento, ni previo ni durante el embarazo», aseguró en diálogo con Acción Juan Aguirre, pediatra que participó del estudio.
Según surgió de la investigación de los profesionales del hospital Garrahan, al momento del nacimiento los niños eran sanos pero luego empezaron a aparecer las complicaciones. Cuando se hizo un dosaje de B12 plasmática tanto a los chicos como a sus madres los valores eran extremadamente bajos.
«Al momento del nacimiento el bebé
es normal y va adquiriendo las pautas madurativas, luego, a medida que la poca vitamina B12 que pudo pasar a través de la forma intrauterina o la lactancia se agota, el bebé pierde las pautas que había adquirido, además empiezan las convulsiones», explicó Aguirre.
La importancia de advertir esta situación radica en que una vez detectada la deficiencia, el cuadro es reversible mediante la suplementación de vitamina B12 en forma intramuscular. «La respuesta es casi inmediata, a las 48 horas se ve a un bebé que vuelve a succionar, a levantar la cabeza, a mirar a la madre y a tener más fuerza en todo lo que es el tronco. Hay que alertar a las familias que tienen este hábito como así también a los obstetras y pediatras para que tengan presente que la alimentación de la madre es importantísima tanto antes de la concepción, durante el embarazo y posteriormente. La madre puede ser vegana o vegetariana, no tiene que cambiar sus hábitos de vida, sino que hay que suplementarla para que el niño no tenga secuelas ni complicaciones. Cada vez van a aparecer más casos de este tipo, estas son dietas dañinas para el bebé –concluye Aguirre–. Como obstetras y pediatras tenemos que ahondar en la alimentación de la madre, sobre todo cuando se presentan problemas de pérdida de maduración».