Oasis
Daniel Melingo - Buda Music

Daniel Melingo parece estar parado en una embarcación proveniente del mar Egeo encallada en los barrios viejos de Buenos Aires. Para la última entrega de la saga que comenzó con Linyera (2014) y continuó con Andá (2016), el compositor agregó a su set un sampler y otros efectos digitales. Dicen que las segundas partes nunca son mejores, ¿pero qué pasa cuando la tercera supera a las dos primeras? Oasis, además de ser un nuevo cierre en su carrera «tanguera», es también la llegada a un puerto desconocido: un acierto. La narrativa del noveno disco del ex Los Twist parte, en efecto, de los ojos del personaje que fue desarrollando en esta trilogía. De corte personal (presencia griega en su árbol genealógico), lo que pareciera ser una obra conceptual es un hilo onírico. A pesar de ese horizonte compacto, las trece composiciones están compartidas como casi nunca: en las letras hay ideas de Francisco Garamona, Fito Palacios y Luis Alposta. Canciones que suenan como capítulos de un ensayo urbanístico, donde conviven una tribu de monos en una fiesta zombie y viejos místicos en los mercados de San Telmo. Para la textura familiar en la búsqueda hay una protagonista: la mandolina griega. Así empieza en «El oráculo», acompañando los murmullos del cantor. Y se terminará asentando en «Sueño del éxodo», el último tema, que termina convirtiéndose en un reggae digital. El momento más intenso y original de Oasis llega con «Navegantes», donde las bases digitales saturadas son las estrellas y el espíritu del dub se inmola entre las intenciones de Melingo y su cómplice, el productor y DJ Oliverio Sofia. En «El blues rebétiko de 7 vidas» entra en escena Andrés Calamaro, que incluye elementos del cante flamenco en su interpretación. Otros de los que entonan o cantan en Oasis son Enrique Symns, Fernando Noy, Vinicio Capossela, su hijo Félix Melingo Torre y la madre del mismo, María Celeste Torre. Una reunión cumbre para despedir, quizás, al linyera viajero.

Facundo Arroyo