Objeto Satie
María Negroni - Caja Negra - 104 páginas


Dibujos, cartas, autorretratos, fotografías, garabatos en los márgenes de las partituras y hasta la carta natal de Erik Satie: con todos estos naipes, María Negroni levantó un castillo para dar asilo a una de las figuras más influyentes y complejas de la historia de la música. Y así vuelve, con Objeto Satie, a desafiar los límites de la escritura. ¿Es narrativa? ¿Es ensayo? Siempre es poesía en el caso de Negroni, solo que en ocasiones se trata de poesía por otros medios. En este tomo breve no hay, exactamente, una trama, pero sí el arco dorado de una vida, trazado a partir de la aparición de más de 4.000 papelitos con apuntes e ideas de Satie, encontrados en su habitación una vez muerto en París a mediados de 1925. Aquellos papeles fueron misterio suficiente para disparar este libro fragmentario, casi 100 años después. Luis Chitarroni califica como «médium» a su autora, al referirse al trabajo que realizó en Archivo Dickinson, publicado por La bestia equilátera. Salidos en simultáneo, la hermandad tiene por lo menos un tercer elemento, apenas más antiguo, en Elegía Joseph Cornell. «Repertorio de postales mágicas», ensamblaje, collage, ready-made, predicaba David Oubiña sobre aquel, y es ese mismo procedimiento el que puede identificarse ahora. Se trata de poderosas obsesiones por las obras completas de ciertos artistas. No son, sin embargo, biografías: la de Objeto Satie se parece más bien a una escritura poseída, y como tal no puede sino ir hasta el final para exorcizarse. «Entra en la realidad y sus realismos, como un lento animal de muchos labios y ninguna diadema», escribió Negroni. Y el lector parece estar ante el portal de su arte poética.

Valeria Tentoni