Océano
Océano

Océano, de Adriana Barenstein, comienza afuera de la sala teatral. Debajo del techo vidriado de Galerías Pacífico, Sergio Pletikosic y Mariana Bellotto realizan una performance en la que ironizan sobre el arte contemporáneo y el conceptual, sobre qué significa ser público o ser artista. Estas humoradas impregnadas de teoría rápidamente viran hacia cuestiones muy concretas, cotidianas, como el procedimiento que ellos deben cumplir para cobrar un subsidio de Prodanza. Océano transita entre lo abstracto y lo tangible, entre la representación y lo representado. Ya en la sala Norah Borges, sobre un telón blanco, se proyectan imágenes filmadas por Daniel Bernasconi en Bogliasco, Italia. Delante de la filmación, la bailarina Florencia Cima construye un personaje que, en idioma italiano, aclara: «No soy performer; soy una simple italiana; él [Pletikosic] es un hombre conceptual». Ella danza sobre música de Juan Pablo Amato, con sus objetos: parasol, flotador, lona playera, traje de baño, anteojos negros y gorra. Él, lo hace con un bollo de papel y plástico, que escapa a todo utilitarismo, con el registro del mar que se ve en el video. El contraste entre ellos permanece; solo a veces se fusionan los roles. Hacia el final se suma Bellotto y el trío canta «Tutti al mare», no sin antes plantear una clave del espectáculo: Pletikosic, el de las ideas, y Cima, la de las cosas, construyen, perciben y reconocen un «momento poético» compartido. (Centro Cultural Borges)

Analía Melgar