Organizarse para crecer
Buenos Aires
La actual filial Quilmes de Credicoop tiene sus orígenes en 1964, cuando una veintena de vecinos dio vida a una cooperativa de crédito que motorizó la economía de la zona.
Maximiliano Senkiw
Enero de 1971. Rolando Lage y Atilio Barsky, consejero y gerente de la cooperativa, hablan con Acción sobre el próspero devenir de la entidad.
El 18 de agosto de 1964 nacía la Cooperativa Ciudad de Quilmes Limitada. Comerciantes, pequeños industriales y trabajadores, a través de un grupo inicial que no superaba las veinte personas, se unían para dar vida a una entidad que creció con el apoyo del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC) y que trazó un notable recorrido de crédito solidario y aporte social.
Los dirigentes pioneros se conocían del Centro Comercial de Quilmes, un espacio que era aglutinador de diversos actores de la comunidad. Desde allí comenzaron a analizar la posibilidad de juntarse y planificar la constitución de una cooperativa de crédito, sector que se desarrollaba sin pausa por todo el país. Elipio Juvenal Álvarez estuvo en el proceso inicial de creación de la caja y contaba, en setiembre de 2001, al Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito: «Trabajando con la gente del barrio surgió el tema de las cooperativas. El IMFC venía formando cajas. Por acá, funcionaba la cooperativa de Lomas de Zamora, donde había un muchacho, un gerente, que era muy macanudo con nosotros. Nos pusimos en contacto y, a través de él, establecimos el vínculo con el Instituto. La primera reunión la hicimos en Bernal. Éramos seis, ahí nos largamos. Tardamos cinco meses o seis y habíamos juntado una buena cantidad de socios». Esos socios iniciales fueron 120 en 1964. Para principios de la década del 70, el número ascendía a más de 2.500.

Demanda insatisfecha
Cooperativa Ciudad de Quilmes Limitada creció por el mismo motivo por el que florecieron la gran mayoría de las cajas en el país: el crédito accesible era una demanda social insatisfecha. Según recordaba Álvarez, «el almacenero, el estudiante, el médico, el pequeño comerciante, no podía tener cuenta en un banco porque no le daban ni la hora. Los vecinos que iban al banco a pedir, porque se iba a hacer el asfalto y necesitaban esos pesos, el banco ni por casualidad les daba. Esa era la necesidad que tenía la gente, que tenía el pueblo de organizarse para poder salvar esa situación y tener un apoyo, tener dónde ir a buscar la ayuda». Rolando Lage fue consejero de la caja de crédito bonaerense y, en un artículo de enero de 1971 publicado en Acción, expresaba: «La gente confluye hacia nosotros por el problema crediticio general que vive el país y que deja desamparados a comerciantes e industriales (…) La función de la cooperativa no puede desligarse de esta situación».
Luis Pastore, Manolo Reiball y Atilio Barsky fueron algunos de los dirigentes de la caja que se destacaron por su compromiso y su trabajo. «Reiball era un baluarte, uno de esos tipos que llevaba prensa, iba a las doce de la noche a visitar a socios, un tipo que colaborara mucho porque había que sostener el movimiento», decía Álvarez sobre uno de sus compañeros de la caja.
Concurso de arte. Apuesta por la cultura.
La entidad de Quilmes otorgaba créditos y, a su vez, contribuía con el desarrollo y las iniciativas locales. Esa era la ventaja diferencial de las cajas de crédito. No eran simplemente órganos financieros. Eran además instituciones sociales. Clubes, bibliotecas o sociedades de fomento contaban con la ayuda de la cooperativa y establecían un vínculo institucional profundo. En 1971, Barsky, gerente de la entidad en ese entonces, manifestaba: «En nuestra zona el cooperativismo es una conciencia en todos los terrenos. Estamos entre bancos y, sin embargo, la cooperativa no deja de crecer. O, tal vez, crece precisamente por eso».
En la entrevista de 2001, Álvarez recordaba otro dato al respecto: la comisión que se estableció para crear la Universidad de Quilmes llevó adelante sus primeras reuniones en la cooperativa. Asimismo, la caja desarrollaba, como todas las entidades de este tipo, una actividad cultural de gran repercusión con la puesta en marcha de conferencias, exposiciones de pinturas, proyecciones, grandes eventos festivos y  hasta cursos de economía dictados por profesionales del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE). «No solo en los momentos difíciles se puede palpar el sentido solidario de los hombres y mujeres de Quilmes, a los que la cooperativa atrae con su trayectoria de confianza y seguridad. Son incontables las fiestas, reuniones y actos diversos que unen cada día más a la cooperativa con sus socios (…) La comisión de Cultura está en contacto con las nuevas cooperativas locales. Y ese contacto es muy fructífero», explicaba, en el mencionado artículo de Acción, Gervasio Sánchez, entonces vicepresidente del Consejo de Administración.

Contagiar la experiencia
La entidad quilmeña contagió su experiencia a barriadas vecinas. La caja participó activamente en la construcción de entidades de crédito en las localidades de Berazategui y San Francisco Solano. Pero la autodenominada «Revolución Argentina», encabezada por el general  Juan Carlos Onganía, iba a poner el primer freno al movimiento de las cajas mediante distintas normas restrictivas elaboradas desde el Banco Central que afectaban a la operatoria habitual. A eso se sumaba una intensa campaña difamatoria contra dirigentes y el IMFC. «A partir de 1966 estuvimos siete meses sin dar un solo crédito. Para nosotros las medidas del Banco Central fueron doblemente perjudiciales porque recién empezábamos. Sin embargo, el apoyo de los socios fue inestimable. Muchos mantuvieron sus saldos y supieron esperar; entre estos estuvieron, por ejemplo, las otras cooperativas. Cuando pedimos a todos los vecinos que nos apoyaran con sus firmas para respaldar nuestra solicitud al Banco Central, pudimos comprobar fehacientemente la gran envergadura que tiene en nuestra zona este tipo de institución», relataba Sánchez en la nota de 1971.
Fueron la confianza de los asociados y también la defensa conjunta que se dinamizó desde el IMFC –manifestaciones, actos, solicitadas en grandes diarios nacionales– las acciones que detuvieron el embate dictatorial dispuesto a liquidar al crédito solidario y sus entidades. Lo mismo sucedió 10 años después con la dictadura cívico-militar y la orientación del plan económico de José Alfredo Martínez de Hoz.
Para enfrentar ese ataque, el movimiento de las cajas de crédito tuvo que reconvertirse bajo la forma de bancos cooperativos, una salida que permitió la conformación de entidades que fueron el resultado de la fusión de cajas, dado que así cumplían el requisito de capitales mínimos exigido por el BCRA. De esta manera nació, entre otros, el Banco Credicoop, de la integración de cajas de la Capital Federal, el Conurbano bonaerense y La Plata. Actualmente, el legado de la Cooperativa Ciudad de Quilmes Limitada prevalece en la filial local del banco cooperativo.
«La cooperativa era del pueblo, era un movimiento de masas, un movimiento de gente de cualquier sector. A nadie se le preguntaba a qué partido pertenecía cuando se hacía socio. Era para todos y trataba de crear algo para ayudar al desarrollo de la gente. Jamás me voy a arrepentir de lo que hice. Si tuviera que empezar de nuevo, lo haría otra vez», subrayaba Álvarez al momento de trazar un balance de su historia en el movimiento cooperativo. Una historia de más de 40 años por la que transitó con el compromiso solidario de Quilmes y su gente. Ese mismo fundamento era el que reflejaba la Memoria de la cooperativa en 1970: «Nosotros pretendemos algo más. Repetimos que debemos a nuestros socios una actividad que, paralelamente a lo económico, permita el conocimiento que hace al desenvolvimiento del ser humano».