Orientar el crédito
Marcelo Betti
Economista

En el sistema financiero, un denominador común del período 2016-2019 fue la pérdida de participación del crédito a empresas, que pasó del 45% al 29% del total. A su vez, las financiaciones a las pymes se redujeron del 18% al 13%, retornando a los valores de 2012, previos a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que facilitó la orientación del crédito mediante la línea de inversión productiva. La recesión y la suba de tasas de interés evidenciadas desde 2018 tensionaron aún más el escenario ya adverso de restricción del crédito a empresas.
Contrariamente, hasta 2018 ganaron terreno los créditos con UVA, especialmente los hipotecarios para la vivienda, que se frenaron a causa de la mayor inflación, trayendo más de un dolor de cabeza a los deudores. También se destacaron los de corto plazo, como las tarjetas de crédito, aunque, en el último año su mayor impulso obedeció al incremento en los saldos de deuda, debido a que son más quienes realizan el pago mínimo en vez del total. Ello incrementó la mora, otro de los rasgos del período, que no solo alcanzó a las tarjetas. Actualmente, la mora total se mantiene en niveles bajos, aunque subió de 2,3% a 4,7% interanual a julio. Y los créditos están estancados. Será primordial que el sistema financiero vuelva a estar al servicio del desarrollo económico y social, para lo cual debieran volver a impulsarse los créditos. Tal como afirma una de las ideas fuerza de la Propuesta del IMFC de noviembre de 2018, se necesita «orientar el crédito hacia inversiones productivas, especialmente hacia las pymes y evitar los abusos en los que incurren las entidades financieras lucrativas al establecer altas tasas de interés y comisiones». Las políticas públicas enfocadas en esa dirección movilizarán uno de los engranajes más importantes para que crezca el consumo y la inversión.