Otros aprendizajes
COOPSECHI
En la localidad salteña de Chicoana, un grupo de familias encontró en la forma cooperativa la manera de fundar y sostener un proyecto educativo vital para la comunidad. Hoy alberga a 380 alumnos y alumnas desde nivel incial hasta séptimo grado.
S. P.

Un gran paso. Tras varios años de gestiones, la entidad logró que el Gobierno provincial le otorgue la propiedad del edificio donde funciona. (Gentileza COOPSECHI)

En la pequeña localidad de Chicoana, provincia de Salta, a principios de la década de 1990, un grupo de familias decidió crear una escuela cooperativa para dar continuidad a la escolarización de sus hijos e hijas. En ese momento, el sistema educativo argentino atravesaba momentos conflictivos, con la precarización de los docentes, la transferencia de los servicios educativos de la Nación a las provincias y reformas que fomentaban la mercantilización de la educación. Ante esa coyuntura, al momento de organizarse, no lo dudaron: todos acordaron que el cooperativismo era el mejor modelo de gestión. Porque representaba ese espíritu de unidad, ayuda mutua, participación y esfuerzo conjunto que los animó a encarar una propuesta educativa alternativa. «Todas las familias nos comprometimos, trabajamos mucho. Además, recibimos la colaboración y el acompañamiento de la gente del pueblo», recuerda Cristina Galich, una de las fundadoras de la Escuela Nº 8020 Cooperativa de Provisión de Servicios Educacionales Chicoana (COOPSECHI). «No teníamos nada, nos donaron mobiliarios usados y materiales. A nivel social, fue una experiencia muy linda, pero en lo económico, nos costó mucho», añade la ahora directora del establecimiento.   
La cooperativa, cuyo Consejo de Administración está conformado por integrantes de las familias de los alumnos, comenzó el dictado de clases con un solo turno y apenas 5 docentes. «En el nivel inicial solo había 6 niños y en las otras aulas llegaban a unos 15 en promedio. Algunas docentes estaban a cargo de dos grados juntos», repasa Galich. Si bien desde sus orígenes se ajustó a los lineamientos del Consejo General de Educación de la provincia de Salta, COOPSECHI buscó ofrecer a su comunidad educativa una propuesta pedagógica y curricular más completa, sumando herramientas acordes con los nuevos tiempos. A lo largo de los años, la escuela fue creciendo en cantidad de alumnos y amplió su cuerpo de docentes. Se sumaron celadores, auxiliares, ordenanzas, profesores de computación, educación física, inglés, música y educación artística, y una maestra de educación especial. Hoy cuentan con 380 alumnos repartidos en dos turnos, que pueden cursar desde nivel inicial (4 y 5 años) hasta 7º grado del nivel primario.

Trabajo colectivo
«COOPSECHI promueve una educación basada en los principios y los valores de la solidaridad y la cooperación –destaca la directora–. La participación igualitaria, la valorización del bien común, el trabajo colectivo, la ayuda mutua y el respeto por el otro se aplican tanto en las aulas como en las acciones que desarrollamos hacia la sociedad», agrega. Siempre dispuesta al intercambio con otras instituciones, las puertas de la cooperativa están abiertas para actividades comunitarias, eventos sociales y culturales.
Recientemente, la cooperativa pudo concretar un gran paso: se convirtió en propietaria de sus instalaciones. Gracias a numerosas gestiones y con el acompañamiento de una diputada provincial, el Gobierno salteño donó a COOPSECHI la casona donde funciona. «Con la escritura en la mano, nuestra institución se consolida y fortalece –dice Galich–. Es una edificación muy vieja, pero ahora estamos en condiciones de encarar las refacciones y ampliaciones necesarias para expandir el proyecto».
«A pesar de todos los avatares que hemos atravesado, la escuela cooperativa es una sobreviviente –concluye la directora–. Tenemos muchas cosas para hacer y la casa propia nos da fuerza para seguir trabajando».