Pasionarias
Silvia Iriondo - Independiente

Lo primero que se escucha es el sonido de una calimba y una frase que se repite: «Somos del barrio donde reina la pasión». Silvia Iriondo vuelve a confirmar su obstinación por lo interdisciplinario en Pasionarias. La obra –por su cuidado, por la información, por la reproducción de pinturas– es mucho más que un disco y apunta a la integración de los lenguajes de cuatro latinoamericanas: Violeta Parra, Chabuca Granda, Frida Kahlo y Leda Valladares. La elección tiene un mensaje unívoco. A través de sus vidas y obras es posible enhebrar una historia posible de la lucha, con su carga de transgresión y ruptura, de la mujer en una región que destaca por su machismo. Afortunadamente, el mensaje se despliega de una manera sutil y evita cualquier contaminación coyuntural. De hecho, Iriondo vislumbró el proyecto hace casi dos décadas. Valió la maceración: Pasionarias es un trabajo extraordinario que la destaca como una artista que ocupa un espacio solitario en la escena de la música de raíz. Iriondo es una cantante entonada, dulce e íntima, podríamos decir «de cámara», con una expresividad a contramano de la exuberancia interpretativa en boga. Cada tema tiene su tratamiento tímbrico. Del perfume cuyano que le imprime Carlos Aguirre y su quinteto de guitarras en «La jardinera» (Parra) al entramado de piano y percusión de «El Pala Pala» (recopilación de Valladares) de Cato Fandrich y Tiki Cantero a la manera de Ariel Ramírez y Domingo Cura, Pasionarias hace equilibrio entre clásicos y temas poco conocidos. Las diez canciones se deslizan entre piezas canónicas de la chilena («Arriba quemando el sol», «La lavandera»), hallazgos de Valladares (conmovedora «Quien ama y sufre») y creaciones poco transitadas de Chabuca («Me he de guardar», «Canterurías»). Iriondo actúa desde cierta periferia, con criterios conceptuales. Aquí puso el foco en un póquer de mujeres de fuego que, para ponerlo en palabras de Leda, habitan el barrio donde reina la pasión.

Mariano del Mazo