Periodismo de género
Mariana Carbajal
Trabajadora de prensa, activista e impulsora del Ni Una Menos, desde hace más de 30 años expone en los medios la cara más cruda de la violencia machista. El proyecto de IVE presentado por el Gobierno, la fuerza del feminismo y la presencia de mujeres en los diarios y la televisión.
María Carolina Stegman - Fotos: 3Estudio/Juan Quiles


Nació en Temperley y de muy chica, a través del activismo de su madre, que ayudaba a mujeres víctimas de violencia de género en el sur del Conurbano bonaerense, tomó contacto con esas historias que transcurrían lejos de las primeras planas de los diarios. Mariana Carbajal es periodista y feminista, tal como ella misma se define, y desde hace 30 años, a través de su trabajo en el diario Página/12 y otros medios, busca retratar con palabras aquello que hasta no hace mucho tiempo no se quería mostrar, visibilizando las consecuencias de la criminalización del aborto, las violencias machistas y su resultado más cruel como es el femicidio. En su haber cuenta con varios libros: La seducción permanente: verdades y mentiras de las cirugías estéticas, de 1999, El aborto en debate: aportes para una discusión pendiente, de 2009, Maltratadas: violencia de género en las relaciones de pareja, que se publicó en 2014, y el más reciente Yo te creo, hermana, de 2019, una acuarela de relatos de mujeres que sufrieron situaciones de violencia, abuso y acoso en diversas formas.
Si hay algo que la distingue es que su trabajo como periodista se presenta inseparable de su lucha por terminar con las violencias y la discriminación histórica que siguen teniendo como blanco a las mujeres y a las disidencias. Tan es así que en 2015 junto con otras comunicadoras impulsó el movimiento Ni Una Menos, revolucionario y pionero, que puso como nunca antes en la escena pública el drama de los femicidios en el país y significó un hito para el feminismo local intergeneracional.
Aunque no se reconozca como tal, Carbajal es sin dudas una de las referentes de la lucha feminista que, desde su lugar, motoriza el corrimiento de los márgenes en los medios de comunicación para tratar de incorporar una agenda que era ajena a la mayoría, una forma tal vez de no olvidar la situación de desigualdad desde la que muchas mujeres transitan sus vidas y que, según cuenta, se refleja en uno de sus primeros trabajos como periodista, una historia que habla de una mujer humilde que ante la falta de un nebulizador para su niña ponía sus esperanzas en una velita encendida en su hogar desprovisto de todo, buscando generar el vapor necesario para curar a su pequeña. «Esa imagen me acompaña pese a los años, es la muestra de la profunda desigualdad que todavía persiste en la Argentina, me quedó grabada, es la imagen de la sociedad que no quiero», señala.
–Posteaste en tu cuenta de Instagram una foto de Maradona para despedirlo y recibiste críticas. ¿Cómo las tomaste?
–Quienes posteamos alguna foto de Diego Maradona para despedirlo recibimos muchas críticas supuestamente de otras feministas que nos condenaron, argumentando que él tenía acusaciones de conductas violentas y machistas y por no haber reconocido a tiempo a sus hijos e hijas. Frente a esto contesté que no celebro sus conductas machistas, lo que hice fue despedir a un ídolo popular que me conmovió jugando al fútbol, con la garra con la que se plantó en la cancha y cada vez que se puso la camiseta de Argentina, parándose frente a los poderosos, que siempre estuvo del lado de los más humildes, eso no significa negar sus conductas machistas tampoco celebrarlas ni homenajearlas, simplemente me estoy conmoviendo con el sentir popular.
–¿La figura de Maradona conmueve pese a sus claroscuros?
–Lo que digo es que no me representa este feministómetro que te cancela si no te reflejás en su espejo impoluto. Diego nos abre tal vez esa puerta para discutir si hay una autoridad moral, una autoridad moral que nos exigen a las feministas, yo no asumo ese lugar, vengo desde hace más de 30 años desde los medios de comunicación como una periodista que asumió la bandera de los feminismos y que pretende desde el periodismo, que es el lugar desde el cual me expreso y podría decir que hago mi activismo, favorecer a la construcción de una sociedad más igualitaria. Lo que veo es que se despertó un lado muy hostil de ciertos feminismos que se pretenden puristas, un purismo que a mí no me identifica porque yo reconozco mis propias contradicciones, incluso en mis vínculos interpersonales.
–Y pese a esas contradicciones el feminismo, ¿puede considerarse el movimiento más importante de los últimos años?
–Sin dudas, creo que el feminismo es un movimiento emancipador y hoy revolucionario, los cambios que se han dado en estos últimos 20 años en Latinoamérica fueron promovidos desde los movimientos feministas: transformaciones culturales, el surgimiento del movimiento Ni Una Menos, que ha tenido una potencia de la cual aún no tenemos dimensión, no solo en Argentina sino en Latinoamérica y Europa, los movimientos contra el abuso sexual, la fuerza de la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito de los últimos dos años con esta marea verde juvenil, transformaciones en Chile, en Brasil con las mujeres parándose contra Bolsonaro, saliendo a las calles frente a los autoritarismos y a los movimientos antiderechos.
–¿El movimiento de mujeres es el que permitió llegar a la presentación de un proyecto oficial sobre interrupción voluntaria del embarazo?
–El hecho de que el presidente Alberto Fernández siendo candidato haya prometido en su campaña impulsar la despenalización y legalización del aborto este año, que lo haya reafirmado cuando abrió la sesiones ordinarias en la Asamblea Legislativa el 1° de marzo y que ahora haya enviado este proyecto es el resultado de esta marea verde, que se expresa con la creación por primera vez en la historia argentina de un Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades. Que el Gobierno impulse hoy esta iniciativa es clave en cómo se va a dar el debate que está empezando. En 2018 el entonces presidente Mauricio Macri habilitó la discusión en el Congreso pero claramente no jugó políticamente para que hubiera una ley.
–¿Qué implica que el proyecto venga del Ejecutivo?
–Sin dudas, el hecho de que el Presidente impulse este proyecto es clave políticamente para conseguir los votos necesarios para la sanción, este es un tema que divide transversalmente a los bloques, a las bancadas, hay posiciones personales, se deja a la libertad de conciencia la votación. Sin dudas, tiene que ver con políticas públicas sanitarias, está también el Plan de los Mil Días, ambas iniciativas lo que hacen es que el Estado garantice la libertad de decidir de las mujeres, si quieren maternar o no, se busca prevenir muertes evitables por abortos inseguros que se dan en la clandestinidad y al mismo tiempo se favorece a aquellas mujeres de sectores vulnerables que enfrentan un embarazo y que sí quieren continuarlo.
–Hay algunos puntos del proyecto que generaron controversias, como la objeción de conciencia. ¿Creés que, como dijo Vilma Ibarra, se tiene que garantizar una fórmula que permita tener una ley?
–Me parece que el proyecto del Ejecutivo es un muy buen proyecto. ¿Es mejorable? seguramente, pero hay que pensar que se votan las leyes posibles en un momento histórico determinado y para eso a veces se negocian algunos ejes que pueden ser negociables.
–Una de las críticas es el tema de la objeción de conciencia.
–La objeción de conciencia está regulada en el proyecto, impone límites a los posibles abusos, de hecho están previstas sanciones, hay un reproche penal cuando se obstaculiza o dilata arbitrariamente los plazos para garantizar la práctica, pero no está prevista la objeción de conciencia institucional. Sabemos de todas formas, por experiencias en otros países como Uruguay, donde ya está vigente una ley de IVE desde 2013, que a veces la objeción de conciencia es la herramienta a la que apelan los profesionales antiderechos para recurrir a la desobediencia civil. Ahí será fundamental el control del Estado con una regulación y reglamentación precisa y tal vez la necesidad de establecer algún tipo de equipo médico ambulante para aquellas zonas donde no se pueda hacer una derivación a las localidades cercanas o para que las mujeres puedan acceder a la IVE si los profesionales de ese lugar se declaran objetores de conciencia en masa.


–¿Qué pasó a nivel social desde el emblemático caso FAL hasta hoy?
–El debate de 2018 fue clave, por las características que tuvo: más de 700 expositores a favor y en contra, la televisación, la marea verde en la calle, con el tema en los medios de comunicación como nunca antes. Se abrió la discusión al interior de las familias, fueron las abuelas que les contaron a sus nietas o las madres a sus hijas las situaciones de aborto por las que habían atravesado. Creo que esto favoreció una despenalización social, producto también del activismo de la Campaña por el Derecho al Aborto a lo largo y ancho del país desde hace 15 años. El 2018 marcó esta apertura en la discusión sobre el aborto, necesitamos ahora la ley que lo legalice y despenalice.
–Se cumplieron recientemente cinco años del Ni Una Menos. ¿Cómo recordás ese día?
–Con mucha emoción, siempre que lo recuerdo se me quiebra la voz. No esperábamos esa multitud, eso fue lo más conmovedor porque quienes veníamos desde hacía muchos años hablando de los femicidios cuando el tema no era tapa de los diarios, cuando se dudaba de la magnitud de este tema, nos sorprendimos de que la sociedad hubiese tomado conciencia de esta forma tan masiva. Todo lo que trajo después en diferentes ámbitos también fue importante, los debates y cambios en los clubes de fútbol, sindicatos, escuelas, en los gobiernos, en la calle, en la familia, en los medios de comunicación, las leyes que se debatieron. La Ley Micaela se convirtió en una herramienta pedagógica, el hecho de que sea obligatoria para todos los funcionarios y funcionarias favorece al proceso de deconstrucción que tiene que permear a toda la sociedad, estamos en un cambio del cual no somos del todo conscientes y lo vamos a ver con los años, ojalá que podamos construir una sociedad más inclusiva.
–Y en los medios de comunicación, ¿cuál es la expresión más frecuente de la violencia de género?
–Creo que se mejoró un poco, no lo suficiente, en relación a cómo los medios vienen cubriendo la temática de las violencias machistas. Hoy se habla de femicidios y es raro encontrar, aunque cada tanto aparece, algún diario que titule como crimen pasional. Hay una audiencia además muy atenta y crítica a los abordajes periodísticos sexistas, que discriminan o revictimizan. Ahora, si pensamos en cómo aparecemos las mujeres en los medios, todavía los relevamientos muestran que lo hacemos como víctimas o desnudas, pero no como protagonistas de la noticia. En tanto, como emisoras o productoras de la información o delante de cámara aún la presencia de mujeres y diversidades es minoritaria, quienes firman las notas de opinión son varones y, salvo las duplas de conductores de noticieros, la mayor parte de los programas periodísticos en las radios también están conducidos por hombres.
–¿Cómo se puede cambiar esto?
–Ahora se viene discutiendo en el Congreso un proyecto promovido por colectivos de periodistas que plantea la equidad de género en los medios públicos con incentivos para los medios privados, creo que es interesante porque no solo habla de la representación delante de cámara sino también en la integración de los directorios, además de una serie de propuestas de formación y capacitación en perspectiva de género, protocolos de actuación en caso de violencia e incorporación del lenguaje inclusivo, creo que va a favorecer a la democratización de los medios.