Pobreza y brecha social
Horacio Aizicovich

Muy alejada de la promesa electoral de «pobreza cero» que fue pilar de la campaña de Cambiemos, la desigualdad entre ricos y pobres se profundizó desde la llegada de Mauricio Macri al poder. La brecha que separa a los sectores con mayores recursos de los estratos más postergados de la sociedad se incrementó casi un 23% en los primeros 3 años de gobierno. La aplicación sistemática del modelo neoliberal ha acentuado las desigualdades preexistentes, las de carácter estructural, y ha ampliado a una nueva y mayor inequidad social las que se habían reducido ostensiblemente entre 2005 y 2012.
Emergen en la etapa actual, en forma acelerada, nuevas brechas socioeconómicas, con un impacto excluyente en materia de acceso a la educación, a la cultura, a la salud y a dignas condiciones de hábitat para vastísimos sectores, que incorporan como nuevos excluidos a amplias franjas de las capas medias.
La profunda recesión instalada en la Argentina, que coexiste con elevadas tasas de inflación y el impacto directo de la brutal política de ajuste tarifario, ha significado la profundización de la pobreza y la desigualdad. Pero sin dudas el acelerador de estos negativos resultados sociales está dado por la caída brutal del empleo registrado, que en 3 años expulsó a cerca de 250.000 trabajadores. Mientras crece la precarización laboral, la tasa de desocupación subió en un 40%, acercándose al porcentaje fatídico de los dos dígitos.
Teniendo en cuenta que, a partir del cambio de autoridades del Indec a finales del 2015 y luego del apagón informático que sobrevino, se retomó la estimación oficial de la pobreza por ingresos con cambios metodológicos que significan que los datos actuales no resultan comparables con los del período anterior. No obstante, aun con esa cosmética, los datos a diciembre de 2018 indican que la pobreza creció al 32% de la población, y al 6,7% la indigencia. Se trata de nada más y nada menos que la incorporación, durante el gobierno de Cambiemos, de 2.800.000 nuevos pobres.
Asimismo, se advierte un crecimiento significativo de la desigualdad, reflejado en el índice de Gini (una medida que relaciona los porcentajes de la población y el ingreso distribuido, y que a medida que su valor se acerca a 1, da cuenta de una sociedad más desigual). En el ciclo analizado, el indicador pasó de 0,41 a 0,44. Mientras que el 20% del sector más rico vio crecer sus ingresos en un 170% en el período, el amplio sector de menores ingresos (80% restante) solo lo hizo en un 140%.
Los últimos datos oficiales nos ofrecen un panorama regresivo en cuanto a la participación de los asalariados en el reparto de la torta de ingresos: en los últimos 3 años el sector cedió casi 5 puntos, bajando al 45,9%, mientras el capital creció en la misma proporción. La economía macrista logró así una distribución regresiva, haciéndonos retroceder al mismo punto de hace más de 12 años. Esta fotografía se oscurece aún más si consideramos que se volvió a ampliar el empleo no registrado, que había bajado hasta 2015 a un 32% y que ahora se ubica en un 38%, porcentaje similar a los niveles de la crisis recesiva de la convertibilidad.
El período de posconvertibilidad arrojó un ciclo de redistribución progresiva del ingreso, basado en mejores remuneraciones, menores brechas entre trabajadores, la recuperación del régimen de paritarias, el aumento constante del salario mínimo que asegura un piso de ingreso para los trabajadores y su seguridad social, y la política de asistencia desde el Estado a través de las transferencias condicionadas, como la AUH, que tuvieron como objetivo central redistribuir ingresos.
Las expansión de la pobreza y la desigualdad coincide con la puesta en práctica de las políticas neoliberales. Este modelo fabrica pobres y el macrismo lo confirmó una vez más.
Por lo tanto, es un momento en el que es necesario instalar los valores del bien común, la justicia distributiva, la preservación de los recursos humanos y naturales en un gran debate que encamine la recuperación del rumbo perdido y la construcción del instrumento para el cambio.


Desamparo. Consecuencia de un modelo económico que excluye a las mayorías. (JORGE ALOY)