Ponerse de pie
Plásticos salvadores
Ubicada en el barrio porteño de La Boca, la fábrica es gestionada por sus trabajadores desde 2018, cuando la firma original se declaró en quiebra. Con clientes de diversos rubros, intenta consolidarse como empresa de la economía social.
Ulises Rodríguez

Lucha diaria. A pesar de las dificultades, los 49 asociados lograron volver a producir. (Horacio Paone)

La de Plásticos Salvadores es una historia de lucha que comenzó en 2015 y que aún hoy libran sus 49 asociados. La empresa supo ser la fábrica de envases plásticos Oropel, una de las más grandes de la Argentina, ubicada en el barrio porteño de La Boca, sobre la calle Coronel Salvadores. En octubre de 2018 la Justicia dictaminó la quiebra de la firma –que había sido vaciada por su último dueño– y, en medio de un panorama incierto, los empleados votaron por conformar una cooperativa. «No fue algo buscado, sino que la situación nos llevó a formar una cooperativa», dice Gustavo Urueña, presidente, que junto con sus compañeros asistieron durante nueve meses a la planta sin tener tarea alguna pero con la finalidad de proteger las fuentes de trabajo.  Tomás Vargas, exdelegado y actual tesorero, agrega: «Lo que nos propusimos fue cuidar las máquinas para que no se llevaran nada y poder volver a producir para llevar el sustento a nuestras familias».

Confianza recuperada
La cooperativa aún se encuentra con la matrícula provisoria y es por eso que los asociados trabajan para lograr la regularización. «Como el dueño que llevó la empresa a la ruina dejó deudas a proveedores y trabajos sin entregar, nosotros tenemos que recuperar esa confianza perdida demostrando que podemos hacer las cosas bien», dice el presidente. Pablo Sandoval, encargado de control de calidad, cuenta que la firma posee matrices (moldes) de envases plásticos de empresas de renombre, entre ellas una gran empresa láctea que es hoy uno de los principales clientes. Según datos de la Cámara Argentina de la Industria Plástica, el rubro está integrado mayormente por pymes, con gran parte de las fábricas localizadas en el Gran Buenos Aires (60,4%) y en la Ciudad de Buenos Aires (16,8%). Una problemática que sufre el sector es que los insumos son importados y el alto valor del dólar limita la compra de maquinarias y materias primas. «Teníamos un montón de presupuestos entregados el año pasado y cuando el dólar se fue de 45 a 63 pesos lo padecimos, porque se cayeron esos trabajos y, por ende, no pudimos comprar materiales», explica Claudia Santomauro, encargada del área de administración.
En una recorrida por la fábrica, se siente el calor que emana de las máquinas que están en plena producción. El plástico que se utiliza para fabricar los envases viene en grumo a granel desde Europa, China, Rusia o Estados Unidos y son diferentes los procesos de transformación que permiten convertir la materia prima en producto final. «Para llegar a la fabricación de un envase se toma el grumo plástico de un bolsón, va a la tolva y de allí, al molino. Se lo aspira, es secado, la tolva lo calienta y va al horno que lo convierte en líquido donde se le proporciona el color; en caliente va al molde y una vez que tomó la forma se lo enfría», explica Urueña.
Los trabajadores coinciden en que el trabajo diario no es un problema para ellos, pero aseguran que el mayor obstáculo fue y es «el tema de trámites y papeles». «En la parte de contaduría, el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos nos asesora y eso ha sido fundamental, porque son temas que nos terminan desbordando», aseguran los asociados.
El próximo paso para la cooperativa es elaborar estrategias de presencia digital, como diseñar su propia página web. «Es algo que necesitamos para la difusión, así como el manejo de redes. Por ahora los clientes nos llegan por el boca a boca o porque nosotros nos encargamos de avisarles que estamos produciendo», dice Vargas. A pesar de las dificultades, la lucha por consolidarse y crecer continúa.