Ponerse la camiseta
Textil Sion
Nacida en 2014, la cooperativa de Isidro Casanova, partido bonaerense de La Matanza, está integrada por ocho asociados que luchan día a día por conservar su fuente de ingresos. Sinergia con otras entidades de la economía solidaria.
Ulises Rodríguez

Productos. Remeras, buzos, bolsos, gorras, algunos de los artículos que fabrica Sion. (Mauro Torres)

En el Antiguo Testamento se menciona al Monte Sion como una fortaleza jebusea conquistada por el rey David que se encontraba situada en una colina de la actual Jerusalén. Inspirada en esa referencia bíblica, la familia Becerra fundó, junto con un grupo de vecinos, una cooperativa en la cual todos se sienten protegidos y desde la que dan una batalla diaria para salir adelante.
Todo comenzó hace 20 años, cuando Carlos Becerra, actual presidente de la entidad,  y su esposa, Norma Cisterna, empezaron a realizar, en la mesa de la cocina de su casa, estampados y serigrafías en remeras de conocidos y amigos. El «boca a boca» y las buenas referencias en el barrio El tambo, de la localidad bonaerense de Isidro Casanova, surtieron efecto y los pedidos de trabajo se multiplicaron. «Como no dábamos abasto, empezamos a sumar gente para realizar las tareas y así fue que conocimos gente de otras cooperativas. Eso nos incentivó a crear nuestra cooperativa de trabajo», cuenta con orgullo Cisterna, hoy secretaria de la cooperativa, mientras convida un mate.
La cooperativa de trabajo Sion fue fundada en 2014 y hoy está conformada por ocho asociados que, además, de las tareas textiles hacen un poco de todo. «Si hay que hacer carpintería, lo hacemos, y si hay que edificar, también», dice Diego Agüero, vocal de la entidad.
El primer trabajo grande fue estampar bolsos para los Juegos Evita. Luego les pidieron remeras deportivas, buzos para egresados, camperas para colegios, gorras. «Todo lo que ganamos lo fuimos invirtiendo en equipamiento, insumos y máquinas como el plóter de impresión para sublimar, que pudimos adquirir en gran parte con micro y mesocréditos otorgados por el IMFC a través de las gestiones de la Red Textil Cooperativa, de la que somos parte», cuenta la secretaria de Sion.


No bajar los brazos
Con los años, a los trabajos de serigrafía y sublimado, se les sumaron los de costura y crearon la marca Cleman, una unión de letras que representa las iniciales de la familia. Con una mesa de casi cinco metros de largo y una tabla para cortes, es la misma Cisterna la que oficia de costurera con las máquinas overlock, la recta o la collareta industrial. «Al principio no tenía ni idea de cómo coser a máquina, pero aprendí a manejarlas con un curso que hice en el INTI, otro que tomé en la Red Textil y cuando me trabo con algo que no sé, lo busco en tutoriales de YouTube», cuenta la mujer, que además le transmite esas enseñanzas a Juan Pablo Correa, síndico de la cooperativa.
En tiempos de comercio online, la cooperativa vende a través de Mercado Libre y de su página de Facebook, además de un local de venta al público. «Hacemos envíos al interior, pero mucha gente viene directamente y necesitamos ese espacio para recibirlos», dice Andrea García, asociada encargada de las redes sociales y las fotografías.
Como en muchas cooperativas y empresas de la Argentina, en Sion se sienten los cimbronazos de la actual política económica. «Los aumentos en las tarifas nos han obligado a pagar en cuotas y los valores de los insumos se han disparado en los últimos años. Así y todo, tratamos de vender a precios razonables, nos adaptamos a la zona en que estamos y no ganamos el 100%, como otras marcas, porque nuestra prioridad es seguir creciendo», asegura Cisterna. También empezaron a producir cambiadores para bebés que forman parte de un plan de ayuda social del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. «Nuestra tarea es cortar y coser, luego pasan a otra cooperativa», dice Maira Becerra la tesorera de Sion.
La cooperativa brinda además asistencia a comedores y copas de leche de la zona. «A través de la Red Textil Cooperativa, donamos alimentos, porque la situación está cada vez peor –señala Cisterna–. Como lo vivimos en carne propia, no se nos ocurre bajar los brazos. Vamos a seguir adelante».