Preferiría ser amada
Emily Dickinson - Nórdica Libros - 122 páginas

A más de 130 años de su muerte, la poesía de Emily Dickinson conserva la frescura de los ciclos vegetales: cada tanto florece en antologías y reediciones, y es como si la primavera acabase de llegar al mundo. Preferiría ser amada se concentra en su dimensión más íntima incluyendo, además de una cuidadosa selección bilingüe de sus versos, algunas de sus cartas y sus poemas en sobres (con escaneos de los originales). Es en su correspondencia donde mucho de su espíritu se nos revela: «Una carta se me antoja siempre parecida a la inmortalidad, porque la mente está sola, sin compañero corpóreo», le escribe a su mentor, T. W. Higginson en 1869. Las ilustraciones de Elia Mervi merecen un capítulo aparte: la madrileña logra un diálogo notable con ese cuerpo encerrado en su reino diminuto. No olvidemos que Emily nació y murió en el mismo pueblo, Amherst, ni que pasó la mayor parte de su vida recluida. «No cruzaré la linde del terreno de mi padre para ir a ninguna casa o ciudad», se plantaba. «La mente es un lugar tan nuevo que la noche pasada se antoja obsoleta», creía. Mervi consigue que el cuerpo de Dickinson se libere a la velocidad de su mente; lo vemos flotando, vaciándose, revisitando sus propias formas entre pájaros y flores. «Después de un siglo/ Nadie conoce ya el Lugar/ Ni la Agonía que en él se interpretaba/ Como una Paz, inmóvil», escribió esa poeta vestida de blanco que no saludaba a las visitas, prolífica puertas adentro aunque en vida apenas vio publicados un puñado de los 1.800 poemas que supo escribir. El efecto de estas piezas reunidas por Juan Marqués es, de algún modo, el de una visita a ese pequeño e infinito Lugar. Uno que ella escribía con mayúsculas.

Valeria Tentoni